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One Bright True Mind Cuadragésimo Primer Año (1586-7) Ese año una orden Imperial fue dada para distribuir las compilaciones del Tripitaka a varios templos. Al principio, ciertos trabajos que habían sido escritos en China no se habían terminado, pero la Emperatriz Madre ordenó que esos trabajos también fueran incluidos. Cuando la impresión fue terminada, el Emperador ordenó que quince copias deberían ser repartidas a los templos más conocidos del país. Cuatro de las copias fueron distribuidas a los cuatro templos de las cuatro regiones límites. En esa ocasión, la Emperatriz Madre, todavía recordando la reunión de oración en la Montaña de las Cinco Cumbres y mi negativa de aceptar la recompensa, ordenó que se me enviara una copia del Tripitaka a Dong Hai. Desdichadamente, nadie me informó con anterioridad de este regalo y cuando llegó, no había lugar para ponerlo, teniendo que ser guardado temporalmente en la oficina del distrito. Cuando leí por mí mismo la orden Imperial que acompañaba al Tripitaka, decidí ir a la capital a expresar mi gratitud. La Emperatriz Madre cortésmente solicitó a las damas de la corte que donaran dinero para la restauración del templo en Dong Hai de manera que pudiera darle un resguardo apropiado al Tripitaka. Ella también requirió que el templo fuera llamado Hai Yin, que significa Símbolo del Océano. Habiéndome enterado de que el Maestro Da Guan había ido a verme en Lao Shan, me apuré para regresar y encontrarme con él allí. Nos reunimos al pie de la montaña - justamente cuando yo llegaba y él se iba. Junto regresamos a la costa donde me hospedaba, y después de su visita que duró veinte días, me dio un poema que contenía las siguientes líneas: A mis anchas viví en la costa Ese invierno, en el mes undécimo, después de más de cinco años de casi no trabajar, una tarde en el nuevo salón de meditación del Templo, mi cuerpo y mente finalmente encontraron el verdadero descanso. ¡Qué éxtasis! Me había sentado en meditación toda la tarde y entonces, durante la noche, me levanté y miré al océano. El tiempo se detuvo. No había movimiento en el océano. Ni las olas ni el murmullo de ellas perturbaban la superficie del agua. La luz de la luna resplandecía sobre las aguas tranquilas como si estuviera brillando sobre un campo de nieve. Todo estaba lleno de luz - la tierra, el cielo, el mar, e incluso mi propio cuerpo y mente. No existía nada más que luz. Recité el siguiente gatha: Desde el cielo claro la luna brillante resplandece Cuando regresé a mi habitación cogí una copia del Sutra Surangama y abriéndola arbitrariamente, leí las siguientes líneas: Tu mente y tu cuerpo, y todas las montañas, ríos, y espacios de la En ese momento logré tal discernimiento del significado del Sutra que inmediatamente comencé a escribir El Espejo Colgante del Sutra Surangama. El trabajo se terminó en ningún período de tiempo. Esa noche, cuando la meditación nocturna había terminado, le pedí al monje que sostenía el segundo rango oficial en el monasterio que viniera a leerme mi manuscrito. Escuché, sintiendo como si las palabras hubieran sido habladas en un sueño. El Cuadragésimo Segundo Año (1587-8) Ese año, cuando la reparación del templo estaba finalmente terminada, comencé a enseñar, a los fieles seguidores, los Preceptos Budistas en el salón nuevo. Una vez que el salón estaba formalmente abierto, los monjes llegaron de todo el país para asistir a mis charlas. Especialmente para el beneficio de los laicos, di una conferencia llamada Hablando Llanamente sobre el Sutra del Corazón. Ese otoño en el octavo mes, el magistrado de distrito Hu Zhong Chen, que había regresado a su pueblo natal después que había renunciado a su puesto, retornó a visitarme. Traía con él el hijo de un pariente y pidiéndome si podía aceptarlo como monje dejándolo a su vez servirme como asistente. Estuve de acuerdo, nombrando al jovencito Fu Shan. Cuadragésimo Tercer Año (1588-9) Un día, después de leer El Espejo Colgante del Sutra Surangama, un discípulo vino a mí protestando que había todavía mucho en el Sutra que lo confundía. - Este Sutra es generalmente muy claro acerca de cómo debemos mirar el alma - dijo - pero hay mucho escrito 'entre líneas' que necesita ser explicado. Para que los estudiantes entiendan su significado profundo, se necesita un comentario adicional. - Entonces dijo - Tal comentario sería el regalo mayor que cualquiera pudiera darle al Dharma Budista. Inmediatamente comencé a escribir El Verdadero Significado del Sutra Surangama. Aunque completé un sumario de mis pensamientos, no terminé el manuscrito. Cuadragésimo Cuarto Año (1589-90) Un día, después de leer El Espejo Colgante del Sutra Surangama, un discípulo vino a mí protestando que había todavía mucho en el Sutra que lo confundía. - Este Sutra es generalmente muy claro acerca de cómo debemos mirar el alma - dijo - pero hay mucho escrito 'entre líneas' que necesita ser explicado. Para que los estudiantes entiendan su significado profundo, se necesita un comentario adicional. - Entonces dijo - Tal comentario sería el regalo mayor que cualquiera pudiera darle al Dharma Budista. Inmediatamente comencé a escribir El Verdadero Significado del Sutra Surangama. Aunque completé un sumario de mis pensamientos, no terminé el manuscrito. Cuadragésimo Cuarto Año (1589-90) Ese año leí El Tripitaka y di conferencias sobre El Sutra del Loto y El Despertar de la Fe. Desde que había dejado la Montaña de las Cinco Cumbres, continuaba pensando en visitar a mis padres, pero tenía siempre el temor de llegar a involucrarme en los asuntos mundanos. Ahora, sin embargo, decidí probarme a mí mismo. Una tarde, en el décimo mes, a medida que abría los ojos después de la meditación, se me ocurrieron las siguientes líneas: He observado el humo en espiral en el espacio vacío. Llamé a mi asistente y le dije, - Ahora puedo regresar a mi pueblo nativo a ver a mis padres. - Necesitaba expresarles mi gratitud. Primeramente planeé ir a la capital para pedirle al Emperador que donara una copia del Tripitaka al Templo de Bao En. El Emperador muy contento me concedió la petición, y tan pronto recibí los volúmenes, sin demora, comencé mi viaje de regreso. En el mes undécimo, en el transcurso de mi viaje hacia Long Jiang en el sur, la estupa allí había comenzado a emitir luz. La luz brilló por muchos días y cuando una tarde me acerqué trayendo El Tripitaka, la luz se desvió hacia el norte en forma de puente y los monjes fueron capaces de caminar en la luz para venir a darle la bienvenida al Tripitaka. Cuando los Sutras fueron colocados cuidadosamente en los estantes, se sostuvo una ceremonia. La luz continuó brillando por días, y miles de personas que fueron testigos de eso creyeron que era un signo verdaderamente no común y muy propicio. Tan pronto como mi madre se enteró que iba a regresar, envió un mensajero a preguntarme exactamente cuando iría a casa y también cuánto tiempo planeaba pasar allí. Le dije que le explicara que dado que también estaba conduciendo asuntos oficiales, no podía ser preciso acerca de mi llegada. Y entonces hice un comentario jocoso - Si ella está feliz de verme llegar tanto como estuvo al verme partir, pasaré dos noches con ella en la casa. -Cuando mi madre escuchó esto dijo - Verlo otra vez después de todo este tiempo será como encontrarse con él en la próxima vida. ¡Estoy muy contenta! ¡Y dos noches! ¡Justamente una noche hubiera sido suficiente, pero ahora va a quedarse dos! Cuando finalmente me vio estaba tan feliz que no pudo parar de reírse. Estaba sorprendido y deleitado por su reacción. Esa tarde ella había invitado a la casa a muchos amigos y parientes y pasamos la noche entera justos hablando. - ¿Viniste en bote o por camino? - Preguntó un anciano miembro de mi misma secta. Al siguiente día fuimos a brindarle nuestros respetos a la tumba de nuestros ancestros. Mientras estábamos allí encontré un lugar apropiado para la tumba de mis padres. Mi padre tenía ochenta años en ese momento, así que jocosamente dije - Bueno, ya de paso podría enterrarlo ahora y así no tengo que volver. - Entonces, pretendí escarbar la tierra, golpeé la tierra varias veces con una azada. Mi madre me quitó la azada de las manos y comenzó a cavar, diciendo - Mientras estamos en esto, puede que sea mejor que cave mi propia tumba también. Entonces nadie tendrá que preocuparse. - Al tercer día, me despedí de mis padres. Mi madre, feliz como siempre, no demostró ningún signo de tristeza. ¡Ella fue una mujer extraordinaria! En Ji Mo tenia un discípulo llamado Huang Na Shan, alias Zi Guang, quien era hermano de un oficial llamado Huang. Llegó a ser mi discípulo cuando tenía diecinueve años y yo había recientemente llegado a mi residencia costera de Dong Hai. Le enseñé El Sutra Surangama que memorizó completo en dos meses. Entonces, a pesar de la oposición de sus padres, firmemente decidió convertirse en vegetariano. Estaba tan seriamente involucrado en su práctica Chan que frecuentemente se la pasaba sin dormir. Incluso, aunque sabía que yo iba a retornar a Dong Hai, todavía le rezaba a Guan Yin por mi seguridad y pronto regreso. Dijo - Somos personas de la frontera. Por mucho tiempo incluso nunca escuchamos acerca de los Tres Tesoros. Entonces, por una gran fortuna, un maravilloso maestro vino a enseñarnos y a ser nuestro amigo. Ahora, descansamos tanto en él que si fracasa en regresar, no sobreviviremos la pérdida. - Entonces, como ofrenda de sacrificio, se cortó un brazo abriéndolo e insertando en la llaga sangrante una vela encendida, rezando a Guan Yin a medida que la vela encendida cauterizaba la herida. Tomó tres meses para que la dolorosa herida sanara, pero cuando sanó, le dejó una cicatriz que misteriosamente tomó la forma de la cara de Guan Yin. Los rasgos se reconocían tan claramente como si hubieran sido pintados a propósito. Aunque vivía en la casa con su esposa y madre, no les contó la historia de la cicatriz. Entonces, cuando vino a verme diciendo que dejaría su hogar si lo aceptaba como monje, muy a pesar mío rehusé. Él protestó - ¿No he probado mi devoción al Dharma? - Preguntó. - ¿Por qué no me dejas ser un monje? - Pero dado que él ya estaba comprometido con las responsabilidades familiares, tuve que rehusar. Todavía, este incidente demostró que la semilla de la Budeidad puede enraizarse incluso en los confines espiritualmente desérticos. Cuando primeramente decidí permanecer en la Montaña de las Cinco Cumbres mi intención era esperar el tiempo oportuno para reconstruir el Templo Bao En que había sido destruido por el fuego. Por supuesto, el proyecto requería dinero también. Pero mientras el tiempo se hizo asequible por él mismo, el dinero no. Cuando me mudé a la costa, continúe esperando por una oportunidad más ventajosa para presionar por los fondos necesarios. Esto ocurrió cuando estaba transportando El Tripitaka a la capital sureña. Escribí el plan de reconstruir el templo detalladamente y lo presenté a la Emperatriz Madre. Reconocí la dificultad de reunir tanto dinero, pero sugerí que podía ser colectado poco a poco, diríamos, cortando los costos operacionales de la comida Imperial por unos cuantos cientos de taels diarios. Los ahorros se sumarian y en tres años la reconstrucción podría comenzar. En diez años seria terminado. La Emperatriz Madre estaba complacida con la propuesta y ordenó que desde el mes doce de ese año, se apartaran cien taels diarios del presupuesto de la comida. Cuadragésimo Quinto Año (1590-1) En la primavera de ese año, le copié El Sutra del Loto en pago de mi gratitud a la Emperatriz Madre. Durante ese tiempo, unos cuantos miembros del culto Daoísta se unieron con sus sacerdotes protestando de que yo me había apoderados de los lugares donde estaban situados sus Templos Daoístas, para tratar de tomar posesión de lo que ahora eran las tierras y los templos Budistas. Ellos revolvieron multitudes y provocaron insurrecciones en el centro de operaciones del gobernador provincial, demandando que les devolvieran su propiedad. Dos de mis asistentes y yo estábamos presente durante la insurrección. Tratamos de calmar a la multitud, pero estaban incontrolables. El Gobernador Li, creyendo que ellos no tenían un argumento válido, cooperó por un tiempo insistiendo que enviaría el caso a Lei Zhou para una meticulosa investigación. La multitud no se había apaciguado. En cierto momento, mis asistentes y yo fuimos rodeados por una muchedumbre enardecida. Inmediatamente despedí a mis asistentes y continué solo. Uno de los líderes del grupo me confrontó con un cuchillo en su mano, amenazándome de muerte. Mantuve mi compostura y le dije gentilmente - Y si me matas, realmente piensas que con eso te saldrás con la tuya? - De mala gana, envainó su cuchillo. Viendo que estaba en una condición mental más tratable, comencé a caminar junto a él, tratando de razonar el asunto. Caminamos juntos por un par de millas y fue en ese momento de cordialidad, cuando la multitud repentinamente decidió que él los había traicionado y por lo tanto corrieron hacia él amenazándolo con golpearlo. Temiendo que lo mataran, rápidamente lo agarré por un brazo y prácticamente lo arrastré hasta mi residencia. Ya dentro, lo disfracé, y entonces nos sentamos pretendiendo tener una charla informal, riendo y comiendo algunas frutas. Por supuesto, un rumor se había corrido ya de que los Daoístas estaban matando a los monjes Budistas, y cuando llegó al Prefecto, inmediatamente envió la milicia para arrestar la multitud. Todos y cada uno convergieron en mi residencia. Viendo la milicia y al Prefecto y sabiendo que no estábamos seguros, le dije a mi invitado Daoísta que se cambiara de nuevo a vestimenta original. La multitud verdaderamente alarmada, arrodillada con su cabeza sobre el piso en signo de respeto hacia mí, me suplicaba que los salvara. - ¿Estos insurrectos mataron algún monje Budista? - Preguntó el Prefecto. El Prefecto rápidamente entendió la verdadera situación y ordenó a las autoridades locales que enviaran a las personas de vuelta a sus hogares. En menos de tres días, la ley y el orden estaban completamente de nuevo en vigor. Ese año escribí un comentario sobre los trabajos de Lao Zi y Zhuang Zi. Cuadragésimo Sexto Año (1591-2) Este año la Emperatriz Madre hizo hacer expresamente una estatua de sándalo de Vairocana para colocarla en el salón del templo principal él cual ya se había terminado. En el otoño, mi discípulo Huang Zi Guang murió sentado en meditación. Cuadragésimo Séptimo Año (1592-3) En el séptimo mes del año, fui a la capital y visité al Maestro Da Guan en su cabaña de la montaña. Siglos antes, en la Dinastía Jin, el Maestro del Dharma Yuan, preocupado de que las enseñanzas Budistas estaban en peligro de desaparecer, hizo esculpir en piedra los sutras. Entonces las guardó en una cueva cercana. Más tarde, sin embargo, los monjes Budistas decidieron vender el templo y la Estupa y los edificios remanentes, no sirviendo a ninguna causa Budista hasta que el Maestro Da Guan vino y los redimió. Él me llevó a la cueva y me enseñó el tesoro de los sutras grabados en piedra. Todo era una historia tan maravillosa que no dudé cuando me pidió que la escribiera. Deleitado por hacerlo, documenté la recuperación de las piedras, la estupa y el templo. También invertí un poco de tiempo en organizar los manuscritos que yo había escrito en el Templo de Hai Yin. Entonces, por cuarenta días y cuarenta noches, el Maestro Da Guan y yo nos sentamos enfrente del uno al otro como si estuviéramos unidos en un estado de Samadhi. Este fue el tiempo más hermoso de mi vida. Cuadragésimo Octavo Año (1593-4) Ese año, una hambruna brutal en la provincia de Shandong causó que muchas personas murieran de hambre. Las calles estaban llenas con los muertos. Cerca de nuestra montaña, había muchas personas hambrientas. Las alimentamos con las provisiones del templo y después que éstas se habían terminado, fui en bote a Liao Dong a comprar más artículos de primera necesidad. Ni una sola persona en nuestro lado de la montaña murió de hambre. Cuadragésimo Noveno Año (1594-5) Esa primavera en el tercer mes, el Gobernador Provincial Zheng Kun Ya de Shandong me visitó. Tenía muchas preguntas acerca del Dharma, las cuales se las respondí felizmente. En el décimo mes, para el festival del solsticio de invierno, fui a la capital a extenderle mis saludos por la conmemoración a la Emperatriz Madre. Acepté una invitación para quedarme unos cuantos meses en el Templo de Ci Shou con motivo de la celebración del Año Nuevo y también para platicar sobre los Preceptos Budistas. Para entonces, la Emperatriz Madre había reunido una considerable suma de dinero para el proyecto de la reconstrucción del Templo Bao En. Le pregunté qué cuando empezaría la reconstrucción. Debido a la crisis política que había sido creada por la invasión japonesa a Corea, las tropas chinas habían sido movilizadas y bajo esas circunstancias, había tenido que posponer cualquier decisión sobre el proyecto del templo. El Quincuagésimo Año (1595-6) Éste no fue un buen año. En la primavera, tan pronto hube regresado de la capital a mi templo de la costa, fui arrestado por cargos diversos. Primero que todo, debido principalmente a la intriga Daoísta, la devoción por el Budismo de la Emperatriz Madre y sus gentiles atenciones para conmigo no fueron completamente evaluadas por el Emperador y otros miembros que ocupaban altas posiciones de la corte Imperial. Muchos cortesanos resintieron el regalo del Tripitaka que Su Majestad me había hecho y su pedido a las otras damas de la corte para que donaran dinero para la construcción de un templo apropiado para acomodarlo. Ellos también resentían que mientras otros habían pagado por el templo, ella personalmente escogió denominarlo Hai Yin, un nombre que parecía dar la impresión del reconocimiento Imperial al reclamo de propiedad de los Budistas. También, el error acerca del Moksha Parishad que nunca había sido resuelto. Muchos oficiales todavía pensaban que yo había desobedecido la orden Imperial. Y para colmo, estos oficiales de la corte también detestaban al emisario de la Emperatriz Madre, que había entregado ambos, El Tripitaka y el dinero que había sido donado para construir el templo que lo acomodaría. De este dinero, había usado solamente setecientas monedas de oro en el proyecto de construcción y le había pedido al emisario que distribuyera lo restante del regalo a aquellos que estaban sufriendo por la hambruna, y así lo había hecho. Pero en la investigación de numerosos funcionarios Daoístas y de aquellos oficiales resentidos, los cargos de haber usado impropiamente la suma total fueron traídos en contra mía y del emisario que odiaban. Mi plan de reconstruir Bao En también hizo surgir mucha enemistad. Los miembros de la corte, especialmente aquellos que no eran Budistas, no veían por qué ellos deberían sufrir incluso una pequeña reducción en la suntuosidad de sus comidas, sólo para satisfacer mi apego sentimental por un viejo templo. Que Su Majestad pudiera ser persuadida para financiar mi lujoso capricho sugería que tenía una influencia excesiva en la corte Imperial. La irritación de ellos se extendió incluso hasta el administrador de la corte que supervisó la colecta de dinero ahorrada del presupuesto diario de la comida. Él también fue acusado de irresponsabilidad administrativa. Lo más serio de todo, sin embargo, fue la vieja acusación de que me había apoderado ilegalmente de la propiedad Daoísta en la montaña de Dong Hai. Cuando los Daoístas del área se habían sublevados, el Prefecto había sido capaz de dispersar sus cuerpos; pero ni él ni yo fuimos capaces de dispersar su antagonismo. Los Daoístas continuaron presionando su acusación en contra mía y cuando ellos y los descontentos oficiales de la corte se aliaron, su acusación insignificante tomó dimensiones Imperiales. Una denuncia formal repleta de exageraciones y falsas acusaciones fue dirigida en contra mía y presentada al Emperador por uno de sus agentes quien, para ese propósito, falsamente se presentó a sí mismo como un sacerdote Daoísta. Era un serio vestigio de deshonestidad. El Emperador, furioso e indignado, inmediatamente dio la orden de arresto. Después de enterarse de mi adversidad, mis amigos y discípulos se perturbaron al extremo, naturalmente traté de consolarlos. - He estado aquí con ustedes por doce años. Piensen en lo que se ha logrado durante ese tiempo. Las personas que vagaban sin meta y ninguna guía moral ahora caminan fuertes y derechos en nuestro camino sagrado Budista. He escuchado a los pequeños cantar el nombre de Buda. ¿De que me puedo arrepentir? - Y entonces, acordándome de mi antigua promesa de reconstruir el Templo de Bao En, me corregí - Mi único desconsuelo es que parece que el Templo de Bao En no va a ser restaurado. En la capital, la Oficina de Pacificación ordenó que me interrogaran. Antes de ser formalmente enjuiciado de todos los cargos, fui golpeado e interrogado persistentemente acerca de las donaciones a los diferentes monasterios Budistas hechas por la Emperatriz Madre, donaciones que de acuerdo con mis acusadores, sumaban muchos cientos de miles de monedas de oro. Rehusé decir cualquier cosa que pudiera comprometer la devoción al Budismo de Su Majestad; y en cuanto a la donación que las damas de la corte habían hecho, afortunadamente fui capaz de traer los documentos a la corte que demostraban exactamente cómo y dónde el dinero había sido invertido. El cargo de apropiación impropia de fondos fue retirado. Adicionalmente se me sugirió que traicionara a la Emperatriz Madre diciendo que ella no solamente había aprobado mi adquisición ilegal de la propiedad Daoísta en Dong Hai sino que actualmente lo había alentado cuando había pedido que el dinero fuera donado a la construcción de un nuevo Templo Budista en el antiguo lugar Daoísta. Le relaté a la corte la búsqueda histórica del área que había hecho cuando primeramente llegué a Dong Hai. Argumenté que la propiedad había sido originalmente Budista, que los Daoístas habían obtenido ilegalmente el título de ella falsificando la firma del Emperador, que subsecuentemente las autoridades Budistas habían pedido su devolución exitosamente, y que, de todas formas, el lugar del templo había sido abandonado hacía mucho tiempo cuando llegué. Estas, insistí, eran las declaraciones que yo le había dado a Su Majestad. Presenté mis puntos de vista con tal convicción que el Emperador voluntariamente entendió cómo la Emperatriz Madre pudo haber aceptado mi versión de los hechos sin ninguna duda en cuanto a su veracidad. Él y la Emperatriz Madre se reconciliaron completamente. Fui leal a ambas de Sus Majestades; y la única consolación que fui capaz de derivar de mi persecución fue que no tuve que sucumbir a la tortura y me permití a mí mismo ser un instrumento de la desavenencia familiar. Pero fue la versión Daoísta de los hechos la que el Emperador decidió aceptar; y fui encontrado culpable de construir ilegalmente los templos en Dong Hai. De acuerdo con eso, fue encarcelado en Lei Zhou. Éste fue el tercer mes del año. A través de mi prueba, todos los templos en la capital continuamente me recitaron los sutras y sostuvieron ceremonias Kshamayati, que invocaba la paciencia divina y el perdón. Incluso algunos monjes ofrecieron el sacrificio de quemar palitos de incienso bajo sus axilas mientras repetían los mantras y rezos para mi protección. En Jin Wu, el hijo del Oficial Zheng Fan Ji de An Su, quien no conocía, sostuvo un banquete con el propósito de obtener la ayuda de nobles y gentiles. Con lágrimas en sus ojos, le habló de mi inocencia. Su audiencia expresó el pesar por mi sufrimiento y por el daño que le había sido hecho a nuestro Dharma Budista. En esto, ellos reflejaron la verdadera actitud de las personas hacia el Dharma en ese tiempo. Por ocho meses permanecí en prisión. Durante ese tiempo sólo le fue permitido a Fu Shan traerme comida. Ese invierno, en el décimo mes, fui deportado al Sur. Muchas personas, incluyendo oficiales que vestían como ciudadanos ordinarios, me acompañaron hasta la orilla del río. Mi asistente Fu Shan y otros dos o tres monjes me siguieron. En el mes once llegué a Nanjing. Después de despedirme de mi madre, compuse un trabajo literario titulado La Madre y el Hijo. Cuando partí, me llevé a mi sobrino huérfano conmigo. Recordé que previamente, cuando el Maestro Da Guan y yo nos habíamos quedado juntos en la Montaña del Sutra de Piedra, él había expresado, comentando sobre el declive de la secta Chan, que Cao Ji (Nan Hua Si), el origen del Chan, también podría deteriorarse. Entonces decidimos ir allí a revivir el monasterio. De hecho, él había ido primero y estaba esperando por mí en Kung Shan. Cuando fui arrestado, él estaba quedándose en Tian Chi. Cuando el Maestro Da Guan se enteró de mi arresto, se quedó atónito. Entonces, tristemente dijo - Si el Maestro Han Shan se ha ido, nuestra promesa para revivir Cao Ji no puede ser lograda. - No obstante, continuó su viaje al monasterio antes de regresar a Liao Cheng. Cuando supo que yo llegaría a Nanjing, fue allí a esperarme. Pudimos pasar un tiempo juntos hablando en un templo a la orilla del río. Quería ir a la capital a defender mi causa, pero lo desalenté. - Como un hijo obedece a un padre, obedezco a Su Majestad. ¿Cuál es la diferencia entre familias y gobiernos? - Esta frase es mi destino y la acepto. Por favor, - le supliqué - no haga ni diga, no importa que, cualquier cosa en mi defensa. Antes de partir me agarró el brazo y me dijo - Cuando escuché que te habían arrestado en Tian Chi, prometí, por tu seguridad ante el santuario de Buda, recitar el Sutra del Loto cien veces. Recé con todo mi corazón que te librara de todo daño. No imploré que no tuvieras dificultades futuras. - Humildemente se lo agradecí. Más tarde me escribió, enviándome una copia de su composición, La Expulsión de un Huésped. |
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Última modificación:
July 11, 2004
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