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Meeting Miao Feng



Mi Vigésimo Primer Año (1566-7)

En el año después de la conferencia Chan, en el día veintiocho del segundo mes, el desastre golpeó el Templo de Bao En. Una tarde durante una violenta tormenta, a la cinco en punto, un rayo le cayó a la estupa y el altar se incendió. A las siete de la noche ya todo estaba quemado. Solamente en dos horas, ciento cuarenta estructuras - habitaciones, salones, corredores pintados - fueron reducidos a cenizas.

El Emperador hizo responsable a los administradores del monasterio de la pérdida, y una orden fue decretada para que las autoridades civiles arrestaran al nuevo Abate y a los dieciocho monjes de alto rango. Fueron transportados a la cárcel a más o menos veinte millas Chinas de distancia. La mayoría de los monjes restantes, no deseando unírseles y no teniendo de todas formas un lugar donde ir, se fueron rápidamente. Los pocos monjes que eligieron quedarse en las ruinas estaban tan desconcertados que no supieron que hacer. Ellos habían perdido su hogar y sus líderes.

Recordando la buena opinión que el antiguo Abate tenía de mí y cómo había instruido a otros para que yo fuera consultado en materias administrativas, procuré merecer su confianza y comencé de inmediato a organizar las cosas. Los prisioneros dependen de la familia y los amigos para su alimentación, así que mi prioridad fue el obtener comida para el Abate y los monjes. Cada día, durante tres meses completos, preparamos un cesto con vegetales salados que después yo llevaba a la cárcel. Otros monjes y amigos también ayudaron; y con nuestros esfuerzos combinados, el Abate y los monjes fueron capaces de tolerar su encarcelación. Finalmente, después de esos tres meses fueron puestos en libertad.

Pero el joven abate, sin duda alguna destruido por la experiencia, pronto murió, no dejando a nadie que se ocupara del templo y la comunidad.

Cuando el viejo abate murió, no dejó ningún dinero. Incluso el costo de su funeral tuvo que ser pagado con fondos prestados. Por lo tanto le di mi segunda prioridad a pagar las antiguas deudas del templo. Después de todo, si no pagábamos, los acreedores confiscarían las tierras y las propiedades que permanecían en ellas, y eso sería el final de la comunidad religiosa. Entre nuestro duro trabajo y la generosidad de los otros, fui capaz de reunir algún dinero para pagar las viejas deudas y ayudar, por un tiempo, a los monjes que permanecían en residencia.

Xue Lang (mi hermano en el Dharma y mi querido amigo) y yo decidimos reconstruir el Templo Bao En. Dado que no teníamos dinero, esto no prometía ser una tarea fácil. También sabíamos que, más que dinero, nuestro plan requeriría paciencia, esfuerzo, sabiduría e integridad; y por lo tanto, hicimos la promesa de permanecer fieles al Dharma mientras esperábamos la oportunidad más apropiada para comenzar.

Entonces, decidí peregrinar. La primera parte de la peregrinación comenzó ese invierno cuando fui al Templo de Tian Jie y escuché al Maestro Wu Ji hablar sobre el Sutra del Loto.

Pensé que para la próxima parte de mi viaje debería tener una compañía, así que busqué entre mis acompañantes en el Templo de Tian Jie por uno apropiado para el viaje. No encontré a nadie.

Entonces un día se me ocurrió que las letrinas estaban siempre particularmente limpias. Solamente un hombre extraordinario podía hacer consistentemente bien tan desagradable tarea. Me enteré de la identidad del monje de la limpieza y lo fui a llamar, pero, dijo que estaba enfermo y declinó verme. Esto era un poco misterioso dado que podía ver que cada mañana las letrinas habían sido meticulosamente limpiadas. ¿Cuándo limpiaba él?

Una noche me quedé despierto a propósito y fui a las letrinas a observar la operación de la limpieza. Espié en vano. Los inodoros ya habían sido lavados. Dado que todo estaba seco supuse que se habían limpiado temprano, probablemente durante la sesión de meditación de la tarde.

Antes de que pudiera resolver el misterio, el monje de la limpieza dejó de trabajar en la letrina. Los inodoros volvieron a estar inmundos. Le pregunté al administrado todo lo referente al monje, y me dijo que estaba muy enfermo y se le había encamado en la habitación de los invitados. Fui inmediatamente a verlo y lo encontré en una terrible condición, ictericia y dispepsia. Le pregunté cómo estaba y respondió - Mi salud no vale mucho incluso cuando está buena. Cuando está mala, es realmente horrible.

- ¿Cómo es eso? - pregunté.

- Bien - dijo confidencialmente - con buena o mala salud, mi apetito permanece intacto así que cuando veo y huelo comida, realmente quiero comer. Pero cuando mi salud es mala, mi cuerpo no puede tolerar comida, como puede ver.

Pensé que los biscochos dulces podían ser más fáciles de digerir así que le compré algunos. Le pregunté su nombre y replicó - Miao Feng; nativo de Fuzhou.

Lo invité para que me acompañara en mi viaje y le di tiempo para pensar mi propuesta, pero unos días después se había ido sin decir una palabra. Supongo que no le gustó que lo molestara. Lamenté su partida.

El Vigésimo Segundo Año (1567-8)

Mi viaje se pospuso un poco más, regresando para asistir a los asuntos del Templo Bao En. Basado en mi recomendación, el Maestro Yun Gu llegó a ser el abate de Bao En. Esperábamos que aumentaría la comunidad casi extinguida.

El problema de la deuda no era fácil de resolver. Había hecho un préstamo de mil monedas de oro para pagar los gastos de la restauración parcial, y por supuesto, para el mantenimiento de la sangha. La sangha no podía pagar la deuda y tuve que hacer las disposiciones necesarias para pagarla a plazos por un período de tres años.

Las autoridades civiles habían ordenado al templo que abriera una escuela gratuita. Dado que se me había pedido que enseñara, tuve que volver a estudiar literatura clásica y volverme otra vez un académico. Teníamos más de ciento cincuenta estudiantes.

Los Vigésimos Tercero, Cuarto y Quinto Años (1568-71)

Con la escuela y la facultad finalmente organizadas en Bao En, fui capaz de producir algún dinero enseñando en otros monasterios y escuelas. Enseñé en el Templo de Gao Zuo por un año y en el monasterio Jin Shan por dos.

El Vigésimo Sexto Año (1571-72)

Regresé el Templo de Bao En y ya siendo capaz de pagar el resto de la deuda, por fin pude hacer el tan esperado peregrinaje. Xue Lang y yo nos dirigimos hacia la Montaña de Lu Shan.

Cuando llegamos a Nan Kang nos enteramos que había unos tigres merodeando por los alrededores y que no era muy seguro viajar a las montañas. Esto parecía una buena razón para continuar urgentemente hacia Ji An.

Ya en Ji An fuimos a Zing Yuan donde encontramos un templo en ruinas. Los monjes quienes todavía residían allí habían dejado crecer sus cabellos. De nuevo me acogió el deseo de renovar un templo. Sintiéndome ahora como un experto, inmediatamente hablé con las autoridades y obteniendo su aprobación, seleccioné alrededor de cuarenta monjes jóvenes y fuertes, les rapé las cabezas y les instruí en el duro trabajo de la restauración del templo. Para en el verano, fui capaz de dejar a Qing Yuan en manos competentes.

Ese invierno, en el mes undécimo, decidí continuar mi peregrinaje. Preparé mi escudilla de arroz y anuncié que me dirigía hacia el norte. Xue Lang protestó. No tenía sentido para él ir hacia el norte en el invierno. Pero esa era la idea, le dije. Si fuera al sudeste a las bellas provincias que sugirió, iría en vacaciones, no en peregrinaje. Le dije - Mira, la vida cómoda pronto llega a ser un mal hábito. Sin algo por que luchar, te vuelves perezoso. - Todavía él no veía los méritos de viajar 'en la forma difícil', pero yo sabia que necesitaba la adversidad para vencer mi mente si alguna vez ganara el verdadero control de ella. Así que recogí mi escudilla y me marché.

El Vigésimo Séptimo Año (1572-3)

No podía ir más allá de Yang Zhou. Una fuerte tormenta de nieve me había impedido seguir adelante. Enfermo y cansado, fui al mercado del lugar a mendigar, pero no importó que patéticamente suplicaba, nadie me daba nada. Los otros monjes mendigantes que también se encontraban atrapados en el lugar por la tormenta, no tuvieron mejor suerte. ¿Qué pasaba con las personas de Yang Zhou? Pensé acerca de esto profundamente por un gran rato. Entonces se me ocurrió la respuesta. Cogí todo el dinero que me había quedado, reuní a todos los monjes y los invité a comer a un restaurante. Esa era una forma de 'aceitar el engranaje'. Si queríamos utilizar la prosperidad del pueblo, había que invertir un poco en él. Ahora, 'hablado su propio lenguaje', después de esto, cuando mendigamos, hubo una demostración mucho más generosa de parte de los habitantes del pueblo. Relativamente me sentía orgulloso de mí mismo por haber encontrado esta estrategia. Fue una solución simple, pero más pujante que cien campanas de un templo.

¡Mi escudilla y mi manto! Eso era todo lo que necesitaba. Habiendo resuelto el problema de la comida, le debía mi independencia a mi manto. En honor a este atavío compuse el siguiente poema:

Me envuelves y te formas a ti mismo para ajustarte a mí,
aprisionando mi corazón.
No quiero escapar.
Dentro de ti he obtenido todo lo que necesito.
¿Sabes lo bello que eres?
Tus elegantes mangas ondulan con la brisa
como las alas de los gansos salvajes.
Y cuando te suspendo emancipadamente
y el viento al llegar te llena,
Eres una nube vaporosa
que me levanta para jugar con los dragones.
Limitado por ti, soy libre.
Puedo escalar las montanas frías y permanecer en la cumbre.
La seda me enviará de vuelta. No tú.
Dices - ¡Permanece y has de esto tu hogar!
Una cabaña tibia en las nieves sin rumbo.

A mitad de año, en el séptimo mes, entré a Beijing donde no pude encontrar ni comida y hospedaje. Busqué en vano todo el día, y finalmente, en la tarde, me fue dada una pequeña ración en la tienda de té en Tai Ping y también el permiso para pasar la noche en el Templo de Yi Jiao en He Cao. En la mañana próxima un oficial, Wang Bo Yu, se había enterado de mi llegada. Me mandó a buscar y por el respeto a su hermano, Wang Zhong Yan, que era un miembro de Yi Jiao, me permitió que me quedara en el monasterio por otros diez días.

Después de esta visita, fui a visitar al Maestro del Dharma Maha Zhong siguiéndolo al Templo de Xi Shan para escuchar su charla sobre El Miao Zong Chao, un comentario sobre el Sutra de la Meditación del Buda Amitaba. Después de la conferencia, el Maestro del Dharma Maha Zhong me invitó a quedarme por el invierno para asistir a sus conferencias sobre El Sutra del Loto y El Vijnana-Matra. Estaba encantado de asistir a ellas y acepté. También le pedí por favor que me instruyera en la lógica formal - en particular el silogismo.

Me sentía solo, supongo, y extrañaba a mis viejos amigos. A dondequiera que iba estaba esperando encontrarme con Miao Feng o recordando a Xue Lang a quien había dejado atrás. Incluso escribí un poema sobre Xue Lang.

Entonces, en el mes undécimo, Miao Feng repentinamente llegó y me buscó. Su cabello y su barba habían crecido y su ropa era tosca y ordinaria. Cuando preguntó por mí, exactamente en su forma misteriosa, declaró ser un mercader de sal. Cuando entró a mi habitación, preguntó - ¿me reconoces?

Me tomó un momento para reconocer los ojos del monje de la limpieza en el Templo Tian Chi. - Sí, definitivamente - le dije.

- Ha habido un cambio considerable en mi apariencia - dijo.

Le contradije - Sí, pero tu Rostro Original no ha cambiado. - Ambos reímos de nuestro intercambio y nos sentamos por un rato, callados y felices.

Miao Feng estaba hospedándose en el Templo de Long Hua. Cuando me visitó otra vez al día siguiente, nos sentamos a conversar toda la tarde. Me explicó que había dejado crecer su cabello y su barba porque había estado viviendo por mucho tiempo en una montaña. Al pie de la montaña había un templo en ruinas que un benefactor, el Príncipe Shan Yin, había decidido restaurar. El Príncipe le había pedido a Miao Feng que viniera al Templo de Xi Shan para recoger las escrituras Budistas de El Tripitaka para dicho templo. También me preguntó a qué había venido, y le respondí - ¿A qué? Buscándote, por supuesto... y para ver la capital. - Asimismo le dije que estaba buscando consejo de varios maestros de cómo tener mejor control de mis pensamientos errantes.

Cuando ya estaba terminando nuestra conversación que había durado toda la noche, Miao Feng me confió - Después de que partimos, siempre pensé en usted. Temía que nunca volveríamos a vernos otra vez. Ahora que estamos juntos de nuevo, puedo acompañarlo con placer a mendigar por comida. - Entonces añadió - Incluso le protegeré de los perros.

- Seguro - le dije sonriendo. Ya estaba aclarando.

Mi visita a los diferentes maestros no me produjo mucho. Reverencié al Maestro Pian Yong y recé con él para que me enseñara la práctica. Me respondió mirándome inexpresivamente.

Visité al Maestro Shao Yan y supliqué lo mismo de él. Replicó preguntando - ¿De dónde has venido?

Repliqué - del Sur - ¿Recuerdas el camino que te guió hasta aquí? - Nunca me preocupé mucho por él después que ya lo había recorrido, - respondí. - Así que siempre te estás moviendo... siempre apartándote - dijo.

Le hice una reverencia y me paré allí esperando por su guía pero sólo dijo unas palabras acerca de la doctrina trascendental. Entonces, tomé su consejo y partí. Tomaría años antes de que entendiera que cuando dijo - siempre te estás apartando - quiso decir que no debería apegarme a ningún lugar... o a nadie.

El Vigésimo Octavo Año (1573-4)

En el primer mes, fui a Wu Tai Shan. Compré una copia de La Historia de la Vida de Qing Liang y visité los lugares mencionados en el texto. Encontré que Han Shan la Montaña (Tonta) era tan serena y extrañamente bella que decidí apropiarme de su nombre para mí mismo. La montaña me inspiró a componer el siguiente poema:

Esta Montaña Tonta no va por ahí imitando a la gente,
jugando al payaso, al tonto social.
Ella se sienta sola, contenta en soledad, perfecta en paz.
Yo debería ser muy tonto.

Regresé a la capital al no poder tolerar más el frío intenso de la época. De allí me dirigí al este, mendigando comida a través de todo el camino.

En Qian Xiang Gu (El Pico de las Mil Estatuas) me encontré un monje que estaba sentado silenciosamente en meditación. No lo perturbé con preguntas. Solamente me quedé con él, recogiendo leña, mendigando por comida y cargando agua para ambos. De esta forma el verano pasó.

El oficial Wang me había seguido los pasos. Me envió una carta diciendo que temía que me hubiera muerto de hambre en los suburbios del este. Quería que regresara. En otoño, fui, porque Ou Zhen Bo de Ling Nan (Guangdong), quien era uno de los mejores instruidos escolares del estado, quería verme lo más pronto posible. No conocía a Ou Zhen Bo pero había mantenido correspondencia con él unos años antes.

El Vigésimo Noveno Año (1574-5)

En la primavera de mi vigésimo noveno año visité la capital de la Loma del Oeste donde se habían reunidos los más eminentes escolares - los dos hermanos Wang Feng Zhou y Wang Lin Zhou, Ou Zhen Bo de Ling Nan; y los dos hermanos Wang Bo Yu y Wang Zhong Yan.

Sintiéndome importante, lleno de mí mismo, y con el deseo de complacerme con un argumento intelectual, fui a visitar a Wang Feng Zhou. Asumí que por mi juventud él pensaría que me podría manejar fácilmente. Me senté allí presumidamente, haciéndolo esperar, como si fuera yo un invitado de honor y él… el privilegiado al permitirle ser mi anfitrión. Entonces, cuando se descuidó lo suficiente como para intentar enseñarme un pequeño poema, lo miré fijamente, me levanté y partí sin decir palabra.

Como era de esperarse, él no estaba muy satisfecho con mi conducta y le contó el incidente a su hermano menor, Wang Lin Zhou. Al día siguiente, Wang Lin Zhou vino a verme.

- Anoche - dijo él - a mi hermano le han sacado un ojo.

- ¿Tienes tú ese Ojo? - Pregunté.

- Pienso que lo tengo - dijo cortésmente - ahora que te he conocido. - Ambos reímos de buena gana y conversamos hasta bien entrada la noche.

Cuando regresó donde su hermano tuvo la cortesía de decirle - Hermano, perdiste con un Vimalakirti moderno. - Incluso me envió un poema que escribió acerca de mí.

Su admiración alimentó mi arrogancia y me infló todavía más. Un día, Wang Zhong Yan, con quien me había quedado, me observó mientras estaba leyendo un volumen del Zuo Chuan. Me dijo - Eres talentoso y dado que tienes inclinaciones literarias, debes escoger la escritura como carrera, debes ser escritor. Te harás famoso. Mi hermano es una autoridad en literatura contemporánea. Él puede ayudarte.

Modesto como siempre, hice un gesto de desprecio y dije - Estoy esperando el día que tu hermano mayor llegue y se arrodille suplicándome que le diga por qué Bodhidharma llegó del Oeste.

El joven Wang no estaba muy feliz con mi actitud. Le relató nuestra conversación a su hermano quien más o menos dijo - Si los talentos de este tipo son tan grandes como su boca, definitivamente llegará a ser el sucesor de Da Wei y Zhong Feng. - Entonces agregó - la literatura puede que no sea lo suficiente grande para él, pero hasta que obtenga el control de su mente, no encontrará nada mejor.

Un día el hermano mayor de los Wang se entusiasmó sobre unas líneas que yo había escrito:

El tiempo es el ala de un mosquito. El espacio es la otra.
El universo es la crin de un caballo.

Entonces le habló de su entusiasmo a su hermano menor. Él, aprobando cortésmente dijo - éstas no son las líneas de un fatuo monje literato.

En una ocasión un oficial del pueblo nos invitó a Miao Feng y a mí a un banquete vegetariano. Estaba preocupado por la decadencia de nuestra secta Chan. - Tu conocimiento y postura debería proporcionarte gran éxito, pero claro está que no será así si te mantienes deambulando de un lugar a otro.

Le dije que quería aprender de todos los maestros iluminados. Que no solamente estaba buscando la iluminación sino que necesitaba ayuda en detener mis pensamientos desordenados. - No solamente soy un errabundo - admití - aunque me estoy preparando para partir pronto.

- Está bien - dijo - pero me gustaría pensar en alguien que te pueda dirigir, alguien que pueda ser tu maestro. Tampoco me gusta pensar que te vayas solo, sin Miao Feng no tendrás ningún amigo que te acompañe en el viaje.

Lo corregí. Miao Feng y yo viajaremos juntos. Sí, hace tiempo, cuando nos conocimos, acordamos ser compañeros en nuestra práctica Chan. Entonces nos separamos y después de años de buscarnos el uno al otro finalmente nos encontramos inesperadamente.

- Bien - dijo felizmente el oficial - estas son noticias muy buenas. Si ambos viajan juntos, estaré gustoso de ayudarlos con dinero.

Contento de escuchar esto, recibí su apoyo para el viaje que esperaba hacer con Miao Feng.

Pero entonces vino un día el oficial para decirme que me apresurara y viniera a decirle adiós a Miao Feng. ¿Despedirme? ¡Miao Feng no me ha dicho que se iba! Pero evidentemente, había recibido El Tripitaka por el cual originalmente había venido aquí, y simplemente decidió partir. Me sentí herido y traicionado pensando que merecía un trato mejor.

El oficial trató de que me apurara, pero rehusé mostrando mi indignación. - No veo ninguna razón para este apuro - le dije fríamente. Entonces el oficial me miró a los ojos y dijo: - Mira, sé que quieres ser tu propio jefe, pero este orgullo tuyo es imposible de tolerar. ¿Acaso los maestros de la antigüedad alguna vez se humillaron por tales insignificancias? ¡No... Solamente su fama les hacía ruborizarse! ¡Pero tú! ¡Tienes una opinión inmensa de ti mismo y sin embargo te derrotas tan fácilmente por estas pequeñeces! Te deseo un éxito glorioso en el Dharma, pero dudo que alguna vez puedas encontrarlo. ¡Qué lástima!

Por primera vez observé mi arrogancia claramente. Sintiéndome culpable, le agradecí por habérmela mostrado. Entonces corrí a donde Miao Feng estaba partiendo. Ya estaba en el carruaje. - ¿Vienes? - preguntó. - ¡De una! - le respondí, saltando al carruaje sin nada que me hiciera mirar hacia atrás.

Entregamos el Tripitaka y continuamos nuestro peregrinaje. Entonces, en el otoño, en el mes octavo, nos separamos por un tiempo para que Miao Feng pudiera seguir adelante y asistir a algunos asuntos. Mientras tanto yo me desviaba cruzando el Río Meng Jin para llegar al lugar donde el Rey Wu Wang revisó sus tropas justamente antes de que atacaran el Shang. Fue una ocasión solemne y compuse la siguiente estrofa para consolar los espíritus de los muertos:

Donde los reinos colisionan y los hombres y los caballos caen
una lápida reposa a la orilla del río.
El voto del Emperador para reinar por miles de años
estaba escrito en las aguas del Huang He.

También pasé por el sitio donde los dos hermanos, Pai I y Shu Chi habían bloqueado el camino de la caballería del Rey Wu Want, advirtiéndole, en vano, que no atacara el estado de Shang. Allí compuse las siguientes líneas:

Por la paz dejaron sus fortunas atrás.
Aquí está erigido el templo y el ciprés sereno.
El esplendor de la Montaña de Shou Yong refleja
Los dos que lucharon por bloquear el camino a la guerra.

Seguidamente visité al Templo de Shao Lin donde el Primer Patriarca Bodhidharma se hospedó. Me enteré que el Maestro Da Qian Run Zong había acabado de llegar para hacer del Templo su residencia. Quise brindarle mis respetos pero no estaba allí cuando llegué. Continué y fui a visitar el antiguo santuario del Fuerte de Luoyang, la Terraza del Sutra Ardiente y el Templo del Caballo Blanco. Finalmente, me encontré de nuevo con Miao Feng en He Dong. Era el mes noveno y nos quedamos juntos allí para pasar el invierno como huéspedes del Príncipe Shan Yin.

Nos mantuvimos ocupados. Miao Feng y yo, junto con un oficial llamado Chen, emprendimos la tarea de tallar bloques de madera para imprimir El Zhao Lun con comentarios. El texto trataba de asuntos tales como la Doctrina de la Inmutabilidad y El Torbellino que destruye al Mundo, y yo, desdichadamente, no podía asir esos conceptos, no importa cuanto tratara de entenderlos. Entonces llegué a la parte que contenía una historia acerca de un Brahmán iluminado que regresó a visitar la casa que había abandonado cuando niño. Aunque el cabello del Brahmán era blanco y había envejecido considerablemente, un vecino fue capaz de reconocerlo. - Usted es el hombre que solía vivir aquí - le dijo. Pero el Brahmán sonrió y explicó que ese hombre estaba muerto y que lo que el vecino estaba viendo era simplemente su imagen. ¡Así que, ese era el significado de aquello que yo no podía comprender! ¡Cuándo tu ego, ilusorio y en cambio continuo, muere, puedes comprender tu naturaleza única, verdadera y permanente, tu inmutable Yo-Búdico! Sólo las apariencias pueden cambiar. ¡La realidad fundamental no puede cambiar! Quise que mi ego se extinguiera como él del Brahmán. Quise refugiarme en mi Yo-Búdico. Me levanté y fui al templo a postrarme frente al altar. Todo repentinamente pareció muy claro.

Entonces, cuando me levanté y me estaba retirando, me detuve en los escalones del templo y asombrado dirigí mi vista al campo. Un fuerte viento había comenzado a soplar, arrancando las hojas de los árboles. ¡El aire estaba lleno de ellas! Sin embargo, las hojas no se movían. Simplemente estaban ahí. ¡Todo estaba tan sereno! ¡Al fin había percibido algo con mi Ojo Búdico! Así que esta era el torbellino que destruye pero que no se mueve. Y otra vez entendí que la mente del ego se mueve continuamente como una corriente de viento o de agua, pero lo que ve de hecho es estable - una matriz de la cual todas las cosas entran y salen. ¡Ahora había entendido! Mi mente egótica había decidido que cierta configuración de materia era una hoja, y entonces había resuelto poner juntas una serie de imágenes y llamar a estos movimientos en serie: ventisca de hojas. En realidad, no había un Yo parado allí en los escalones. No había escalones. No había viento ni ventisca de hojas. Mi mente egótica puso arbitrariamente límites a la materia y al tiempo, y le dio a las cosas nombres y formas. ¡Pero la realidad, percibida directamente, sin la intervención de mi mente-ego, no tenía nombre, ni forma, ni tiempo!

¡Bien! ¡Este no era un paso pequeño! De repente quise orinar. Y otra vez, viendo mi orina salir, todo se detuvo. Experimenté el "momento eterno", vi con mi "Ojo Búdico". Ahora sabía. Nada nace y nada puede morir. Todo simplemente "es".

Escribí las siguientes líneas para conmemorar el evento:

Nacimiento y Muerte. Día y Noche.
Agua corriendo, estanque inerte.
Flor surgiendo y desapareciendo.
¿Puedo encontrar el punto donde cambian
del uno al otro?
¿Puede mi nariz mirar hacia arriba?

El próximo día Miao Feng me vio distinto. ¿Qué tenemos aquí? - dijo alegremente.

Le respondí - Anoche la representación de mi mente y la representación de mi cuerpo trataron de ir a nadar. Si hubieran podido meterse en el agua, estoy seguro que se habían ahogado.

Miao Feng rió a carcajadas. - La fortuna te ha sonreído - dijo. - Al fin puedes darte el lujo de vivir en la montaña.

Al poco tiempo de esto, el Príncipe Shan Yin invitó al Maestro Chan Fa Guang a visitarnos. Lo había admirado por mucho tiempo y esperaba escuchar sus enseñanzas. Cuando conversamos descubrí que nuestras opiniones eran muy parecidas. Le pedí que me guiara en mi práctica y me dijo que fuera más allá de las dualidades de los sagrado y lo profano o de lo santo y lo mundano, y que debía experimentar estados superiores de conciencia, no limitarme a aprender acerca de ellos. Entendí lo que me decía y pensé que su voz era un tambor celestial. ¡Qué diferente es el sonido de un hombre iluminado! ¡Qué diferente del matraqueo atolondrado de los hombres comunes! Yo tenía gran respeto por él y se lo demostré.

De pronto para traerme de vuelta a la realidad, un día cogió uno de mis poemas y lo leyó. - ¿Cómo te las arreglas para escribir esos versos tan hermosos? - preguntó. Entonces riéndose dijo - Sí... son hermosos, pero no los has visto a través del portón correcto... el 'otro' portón. Entonces me retó - No hay duda que tu 'otro' portón no está abierto todavía.

Acepté el reto. - ¿Está tu 'otro' portón abierto? - He pasado treinta años cazando dragones y atrapando tigres y fíjate - masculló fingiendo terror -- ¡aquí llega un conejo saliendo de los arbustos!

- Venerable Señor - dije - usted no luce como un hombre que alguna vez haya cazado un dragón o atrapado un tigre.

- ¿Los conocerías si los vieras alguna vez?

En ese momento levantó su bastón, intentando pegarme con él, pero lo detuve con una mano y con la otra lo sujeté por sus barbas. -- ¡Usted habla de un conejo! - dije - Y qué tenemos aquí, solamente un renacuajo saltarín!

Satisfecho, se rió y se fue.

En otra ocasión me dijo - No tienes que ir a ninguna parte. Quedémonos aquí juntos y pasemos nuestras vidas practicando Chan. - Fue de alguna forma un elogio.

El Maestro Chan Fa Guang tenía un hábito peculiar, una clase de tic nervioso. Cada vez que estaba solo, susurraba, hablaba y gesticulaba como si se estuviera comunicando con alguien. Lo abordé respecto a este problema. - Veo que usted es el igual de los maestros antiguos tanto en conocimiento del Dharma como en destreza para el debate, pero ¿por qué actúa tan extrañamente como si su mente estuviera desordenada?

- Ésta es mi enfermedad Chan - explicó. - Cuando logré mi primer despertar, las palabras fluían de mí incesantemente. No podía detenerlas. Sí, ésta es mi enfermedad Cha.

- ¿De alguna manera podría haberse prevenido esta enfermedad?

- Sí. Si cuando comenzó un maestro diestro me hubiera pegado hasta dejarme inconsciente, entonces, al despertar mi mente hubiera estado clara. Desdichadamente, no tuve un maestro diestro a mi disposición cuando la enfermedad se presentó.

No supe si él hablaba en serio o no.

Sabiendo que me iba para la Montaña de las Cinco Cumbres en el primer mes del próximo año, me escribió un poema.

Un león aprende a ver montando en las nubes
El dragón confinado a su caverna solamente necesita descansar.

- ¿Sabes lo que esto significa? - preguntó.

- Antes de que pueda volar alto en la sabiduría trascendental pura, debo permitirle el descanso al dragón en mi mente. - Era mi problema antiguo de siempre.

- Pero ten cuidado, - dijo - no quiero que trates de domesticar a una serpiente muerta.

Estaba equivocado cuando pensé que nuestra secta Chan ya no tenía otro gran maestro. Fa Guang se encontraba entre los mejores.

El Príncipe Shan Yin, cuando se enteró que mis padres todavía vivían, me ofreció doscientas monedas de oro para su manutención. Sabía que ellos no necesitaban el dinero, por lo tanto le pedí que en su lugar se lo diera al Maestro Fa Guang porque no quería tener sobre mis hombros esa gran deuda de gratitud.

El Trigésimo Año (1575-6)

En el primer mes de este año Miao Feng y yo dejamos He Dong y nos dirigimos hacia la Montaña de las Cinco Cumbres tomando la ruta que pasaba a través de Ping Yang, el pueblo natal de Miao Feng. Él tenía una tarea solemne que hacer. Años antes, cuando Miao Feng todavía era un niño, sus padres murieron durante una severa hambruna y debido a las dificultades, no fueron enterrados propiamente en un ataúd.

Con la ayuda de algunos oficiales locales Miao Feng seleccionó un lugar alto y seco para la tumba de sus padres y los enterró de nuevo colocando una lápida con su correspondiente inscripción. El nombre de su familia era Hsu y él era descendiente de Hsu Chu quien obtuvo un lugar prominente durante la dinastía de Chún Qiu.

Cuando el Prefecto Hu Shun An se enteró que me estaba hospedando fuera de Ping Yang, me envió una nota pidiéndome que me encontrara con él, pero yo estaba muy ocupado preparándome para partir para la Montaña de las Cinco Cumbres y tuve que enviarle mis más sentidos respetos declinando la invitación. Me respondió enviándome unos pases de viaje con los que podía adquirir un carruaje y hombres para el viaje. Esto, también, tuve que declinar. Sabía que entendería cuando le expliqué que mis sandalias de paja estaban todavía haciendo su trabajo.

Cuando ya estábamos tan adelantados como por Ling Shi, el Prefecto Hu Shun An nos alcanzó y finalmente fuimos capaces de pasar algunos días juntos. Más tarde mandó algunos hombres para que nos acompañaran todo el tiempo en el viaje a la Montaña de las Cinco Cumbres.

En el quinto día del segundo mes, acampamos en el Templo de Ta Yuan, y por el tercer día del tercer mes, fuimos capaces de alcanzar la Cima Norte del Templo del Portón del Dragón. El Abate Maestro Da Fang nos permitió ocupar una vieja cabaña que estaba situada en lo alto entre los peñascos de nieve. Y allí, rodeados de belleza, en un escenario de nieve blanca, experimenté una visión celestial y mi cuerpo y mente se llenaron con delicia a medida que entraba en el Paraíso del Éxtasis.

Unos días después, cuando Miao Feng se fue a visitar a Ye Tai, fui capaz de sentarme solo en una meditación profunda y silente. Pronto me absorbí tanto en la meditación que si alguien me hubiera levantado y enseñado un símbolo Chino, no lo habría reconocido.

Cuando llegamos por primera vez a la cabaña, los ruidos del viento rugiendo y del agua corriendo me perturbaban. Dado que a Miao Feng parecía que no le aturdía, le pedí que me explicara. Él dijo - La perturbación que sientes es creada en tu propia mente. Has agarrado el sonido y lo has interpretado como ruido. Deberás escucharlo sin juzgarlo, concentrándote en el acto de simplemente oírlo, de forma que ningún pensamiento de ninguna clase pueda surgir en tu mente. Los antiguos decían que cualquiera que oyera sin agarrar, esto es, que cualquiera que pudiera escuchar los sonidos sin pensar, pronto lograría la Sabiduría Toda Penetrante del Bodhisattva Avalokitesvara.

Esperando dominar esta técnica, fui todos los días al puente de madera y traté de escuchar el agua sin pensar acerca de ella o de cualquier otra cosa. Al principio, todo lo que oía era ruido. Mi mente se mantenía pensando. Pero después de un poco de práctica, mi mente comenzó a serenarse. Entonces, un día, cuando mis pensamientos habían cesado de surgir como el agua, me sumergí tan profundamente en el sonido que de verdad me olvidé de mí mismo. El ruido y mi existencia se habían ido. La serenidad envolvió mi mente. Después de eso, cada vez que oía un sonido que previamente me molestaba, todo lo que tenía que hacer era concentrarme en él sin agarrarlo mentalmente, y sería templado en ese mismo estado de serenidad.

Todos los días cociné arroz y me lo comí con vegetales salvajes y caldo de avena. Entonces, después de la comida, me daba una buena caminata. Pero un día, mientras estaba caminando, me detuve parándome firmemente, y en ese momento de éxtasis, entré en Samadhi. Pronto cesé de estar alerta de cualquier cosa excepto de una gran brillantez, redonda y completa, limpia y fija como un gigantesco espejo redondo. Las montañas, los ríos, y la gran tierra misma, aparecieron en el espejo. Cuando recobré la conciencia, regresé a la cabaña y noté que la olla de arroz estaba cubierta con polvo. ¿Cuánto tiempo había permanecido en el Samadhi? No pude imaginarme. En ese tiempo estaba viviendo solo, y no tenía a nadie que me ayudara a medir la duración de esta experiencia de iluminación.

Mi entendimiento del Chan se había profundizado. Todas mis previas dudas se habían desvanecido y mi mente estaba maravillosamente clara. Entonces, en la serenidad prolongada y persistente de esa gran brillantez, compuse estas líneas:

Cuando la mente se mantiene girando
¿Cómo puede la visión ser algo más que nublada?
¡Detén la mente incluso por un momento
Y todo llega a ser transparentemente claro!
La mente cambiante está puliendo ladrillos de lodo.
¡En la quietud, serenidad y paz encuentra el espejo!

Ese verano Xue Lang llegó a visitarme. Solamente pasó dos días en la cabaña. Se fue, expresando su pena por mí residencia miserable. Me ocupé y construí por mí mismo una cabaña más fuerte para el invierno.



 
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Conociendo a Miao Feng   ~   Samadhi
Una Mente Realmente Brillante   ~   "Purifica Tu Mente"
La Corte   ~   Himno del Portaestandarte
El Último Año   ~   Maximas del Maestro Han Shan



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Última modificación: July 11, 2004
©2001 Orden Hsu Yun del Budismo Zen
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