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Lohan from Nan Hua Si 


La Momia de Han Shan Introducción
Introduction

Para el viajero del Camino Chan, al igual que para cualquiera viajero de un arduo viaje, los albergues, los rótulos direccionales y las ayudas ocasionales de una mano amiga son indispensables.

Especialmente cuando el camino es difícil, el viajero requiere de un lugar seguro y protegido para descansar, como también necesita saber bien dónde se encuentra. Si tropieza, necesitará quien le tienda una mano. Si se encuentra totalmente perdido, requerirá direcciones de alguien que conozca muy bien el camino.

En el Chan, cada peregrino conoce que puede encontrar refugio en el Dharma Budista. Siempre hay una habitación para
él en ésta… la más cómoda de todas las Posadas. Y la reflexión sobre su progresiva sensación de bienestar - esa paz, ese gozo y la libertad que siente cada vez más - consolidará su posición en la cuesta ascendente.

Pero, ¿qué podemos decir acerca de esos momentos críticos cuando él se encuentra a si mismo cayendo o perdido? ¿Quién llegará a darle una mano y a acompañarlo hasta que esté sano y firme sobre sus propios pies? Cuando esté confundido, ¿quién estará allí para señalarle la dirección correcta? Cuando esté perdido, ¿qué huellas lo guiarán de vuelta al Verdadero Camino?

Para el viajero del Camino Chan, esa mano que ayuda, ese buen consejo y esa compañía son proporcionadas por el Maestro Han Shan. También, esas huellas en las que se puede confiar son las suyas.

El viajero moderno se puede preguntar, ¿cómo puede la autobiografía de un peripatético Maestro Chino del siglo 16º venir al caso en la sociedad de propulsión-a-chorro de hoy en día? Se reiría de pensar que en los tiempos de Han Shan, los trenes, hoy arcaicos y obsoletos, no existían y solo serían inventados siglos después.

Y él, quien habitualmente depende de las referencias claras y precisas de la tecnología del 'Valle de Silicón' seguramente dudará que pueda encontrar cualquier cosa provechosa en los brochazos descoloridos de las memorias de un tipo quien se llama a si mismo Han Shan... "Montaña Tonta".

Pero el alma humana no se somete al escrutinio científico. El viaje al Nirvana no se hace ni en cohete ni en tren. En los días de hoy, al igual que en los de Sidarta Gautama, el progreso en el Camino es logrado por la consecución de amor, entendimiento y humildad. Han Shan nos ayuda a encontrar estos tesoros.

¿Quién de nosotros no se ha irritado por las ordenes de sus padres, por esos ejercicios de autoridad paternal los cuales, en el nombre de "hacer lo que es mejor para el futuro", nos fuerzan a comprometernos con un tipo de vida que uno no desea seguir? Antes de que "el futuro" ocurra, años de resentimiento se interponen. Cualquiera que todavía cargue incluso un residuo de tal resentimiento seguramente se beneficiará de la experiencia de Han Shan. Tristemente él relata que cuando era un niño feliz y vigoroso, se le comunicó que iba a ser enviado a una escuela lejos de su casa "para recibir la mejor educación posible".

La separación de todo lo que conocía y amaba - especialmente de su amada madre - fue para él impensable y por lo tanto protestó atrozmente, rehusando repetidamente abordar el ferry que lo llevaría lejos. Imagínense el dolor y la pena que sintió cuando su madre personalmente lo tiró al agua, marchándose y dándole la espalda a sus llantos, sin darle otra opción que la de dirigirse a otros para pedir ayuda. Su amor por ella se convirtió en menosprecio y esa clase de resentimiento solamente puede ser curado con la indiferencia. Imagínense el dolor que sintió cuando ya siendo un adulto maduro se enteró que en los días y años siguientes a su partida, su madre regularmente iría al borde del río para sentarse y llorar porque lo amaba y lo extrañaba profundamente.

Han Shan es considerado, en justicia, como uno de los grandes poetas de China. Dondequiera que iba las personas lo aclamaban por sus escritos. Aquellos que lograban que les compusiera un verso consideraban el poema como un trofeo. Pero Han Shan sabía muy bien que la destreza y el discernimiento que le proporcionaban tal clamor eran los productos de esa 'mejor posible educación' que su madre había pagado tan grandemente para que él pudiese obtenerla, y su irritación, resentimiento e indiferencia se disolvieron en humillación. Por el amor a él, ella había sacrificado así su propia felicidad, y él había recompensado su gran amor con la piedra solitaria del silencio. ¿No podemos todos nosotros aprender de esta experiencia?

¿Quién de nosotros no ha sido acusado de una ofensa de la cual es inocente? Y si hasta ahora se ha escapado de esto, ¿quién puede dejar de temer de posibles acusaciones en el futuro? Y si no puede probar su inocencia, ¿cómo afrontará su castigo? ¿Llegará a ser tan detestable como la mentira, o mantendrá su dignidad y continuará buscando sus metas a pesar de los obstáculos que tales calumnias pueden presentarle? Han Shan fue acusado falsamente de un crimen, y la evidencia de su conducta personal servirá como ejemplo para cualquiera que sufra tal adversidad.

¿Quién de nosotros no ha tenido su mente tan hinchada con el orgullo al derecho propio que ha perdido toda la capacidad de percibir la verdad? A medida que los poderes mentales de Han Shan comenzaron a surgir, su ego se infló a velocidad constante. Llegó a ser tan arrogante que casi rompió la relación con su mejor amigo porque este no le rendía la 'debida' pleitesía. Recordaremos la aterrizada que le dio un superior espiritual como el castigo que lo devolvió a sus sentidos.

En cada página el texto está lleno de invaluables lecciones. Las máximas, también son maravillosamente instructivas porque siendo tan claras y penetrantes, llegan rápidamente al corazón de todas nuestras confusiones. Entonces la luz de la genialidad de Han Shan resplandece y nos lleva hacia delante en nuestra búsqueda de la claridad espiritual. En las palabras de Han Shan en su 11ª máxima:

- Pon un pez en la tierra y recordará el océano hasta que muera.
Coloca un pájaro en una jaula y al igual no olvidará el cielo.
Cada uno añora su verdadero hogar, el lugar donde su naturaleza decretó que debe estar.

- El hombre nace en estado de inocencia.
Su naturaleza original es amor, gracia y pureza.
Aun así emigra tan indiferentemente sin siquiera pensar en su viejo hogar.
¿No es eso más triste que lo de los peces y los pájaros?

Después de leer a Han Shan, ya no somos tan indiferentes al emigrar.


Rev. Chuan Yuan (Ming Zhen) Shakya
November 25, 1994
Hsu Yun Temple
Honolulu, Hawaii



 
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El Último Año   ~   Maximas del Maestro Han Shan



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Última modificación: July 11, 2004
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