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Purify Your Mind




El Quincuagésimo Primer Año (1596-7)

En el primer mes, todavía en estado de confinamiento, crucé el Río Wen Jiang y visité al Consejero Imperial Zhou. Upasaka Wang Xin Hai de Lu Ling vino al encuentro a brindar sus respetos y pedirme que escribiera un comentario sobre el Sutra Lankavatara.

En el segundo mes, subí a la cima de la Montaña Yu para ver el lugar donde Wei Ming intentó coger el manto del Sexto Patriarca. En memoria de este suceso, escribí estas dos líneas:

Y cuando pasaste este camino anteriormente, querido viajero,
Un seguidor te enseñó su Rostro Inmortal.
¿Será visto tan claramente él mío?

El lugar era verdaderamente inspirador y de mucha importancia para verlo, pero el camino era muy escarpado y abrupto para los viajeros. Por lo tanto instruí uno de mis asistentes a que preparara una caseta para ofrecerle té gratuito a los visitantes, y alenté a los Budistas locales para que trabajaran mejorando el camino y persuadieran cada visitante a contribuir con una pequeña ayuda. En unos cuantos años el camino al lugar se había convertido en suave y seguro.

Cuando llegué a Shao Yuan, fui inmediatamente a la montaña a reverenciar al Sexto Patriarca. Bebí el agua de Cao Ji y escribí la siguiente gatha:

Una gota del agua de Cao Ji era suficiente
Para hacer que las olas del océano flagelen el cielo
Y cambien al tímido pez a dragón.
La primavera está entorpecida. El pozo está seco.
En el mar en calma los dragoncitos no agitan.

El templo del Sexto Patriarca estaba prácticamente desierto y casi arruinado. Profunda tristeza… me fui a Guangzhou.

Cuando llegué allí, me puse el atavío y los amarres de prisionero, y me presenté al general militar quien me desamarró los cordones y me invitó a una fiesta en el Templo de Hai Zhu.

En ese tiempo, el Consejero Imperial Zhou Hai Men estaba conferenciando sobre las metafísicas de Yan Ming. Cuando se enteró de mi llegada, me llamó trayéndome unas cuantas docenas de sus seguidores con él. Él comenzó la discusión refiriéndose al dicho: "Uno no puede entender la verdad hasta que comprenda la condición del día y la noche."

Un anciano Daoísta quien estaba sentado entre ellos respondió. - La condición es conciencia - dijo. Y el día y la noche son el despertar y el dormir. La misma conciencia que funciona durante nuestras acciones diurnas, funciona durante la noche cuando accionamos en nuestros sueños. - La audiencia demostró su aprobación.

El Consejero Zhou entonces se dirigió a mí. - Venerable anciano Maestro Chan - dijo - pensé que todos parecían estar satisfechos con esta interpretación, yo no. Por favor, danos tu opinión.

- ¿Cuál es el origen de esta cita? - pregunté.

- Es del Libro de los Cambios - respondiendo con unas cuantas oraciones adicionales.

- Estas palabras son el consejo de un hombre sabio a los hombres que deben trascender el Samsara e ir más allá del nacimiento y la muerte - dije.

El Consejero aplaudió. - Solamente la interpretación de este viejo maestro está de acuerdo con el texto. El significado esta ahora claro. - Pero sus seguidores no entendieron y pidieron explicación adicional.

- El día y la noche es la ilusión llamada nacimiento y muerte - explicó el consejero - Hasta que uno esté libre de las condiciones de esa ilusión, no puede experimentar la realidad.

Ahora todos estaban de acuerdo. Por el pedido de algunos devotos Budistas, el Gobernador Chen me expidió los permisos de viaje correspondientes para mi traslado al sur. En el décimo día del tercer mes, llegué a Lei Zhou quedándome en un viejo templo localizado en la parte oeste de la ciudad. En unas pocas semanas comencé a escribir mi Comentario sobre el Sutra Lankavatara.

Por ese tiempo una gran sequía, que había durado un año, produjo una terrible hambruna, y debido a la condición débil de la gente, una epidemia acometió toda la región, resultando en muchas muertes. Como cuando estás sentado en un cementerio, así estaba yo, rodeado por lo muertos. Pero el poder del Dharma me protegió de la enfermedad y, afortunadamente, no me contagié.

Debido a la sequía, todos los pozos se habían secado. Cada noche, mi asistente Fu Shan, esperaba hasta muy tarde para ir a obtener una pequeña lata de agua para usar al siguiente día. Los tiempos eran muy difíciles y el agua parecía tan preciosa como la ambrosía.

Había cadáveres apilados en todas partes. Para el otoño, cuando la epidemia ya había decrecido, un escolar llamado Ke Shi Fu y yo, organizamos el entierro de más o menos mil victimas. Entonces, tuvimos un servicio funerario para los muertos mientras que al mismo tiempo ofrecíamos rezos para que lloviera. Las oraciones fueron respondidas abrumadoramente. Unas cuantas horas después del servicio, llovió tan fuertemente que las calles prontamente estuvieron bajo tres pies de profundidad en el agua. La sequía y los últimos vestigios de la epidemia habían desaparecido.

En el octavo mes, por orden de la prefectura, regresé a Guangzhou. Todavía bajo supervisión militar limitada, me quedé en una barraca, y mientras estaba allí compuse algunos veinte poemas acerca de mis experiencias viajando con el ejército.

Mientras estaba en el camino a Guangzhou pasé a través de Ku Teng del distrito Dian Bai que era considerado el portón al país. Esta fue mi primera visita a la región y para conmemorarla escribí una composición literaria. También ayudé a preparar la estación donde los viajeros podían obtener té gratuitamente.

En Guang Hai me encontré con el Consejero Imperial Ding You Wu, quien, al igual que yo, había sido una víctima del sistema judicial. Las acusaciones falsas que le habían hecho, tuvieron como resultado su deportación allí. Siempre le había admirado y ahora que teníamos tanto en común, fuimos capaces de convertirnos en amigos cercanos.

El Quincuagésimo Segundo Año (1597-8)

El invierno le había traído mucha calamidad a Guangzhou. Cadáveres y esqueletos permanecían allí, en el número de miles, tendidos en las calles. Ding You Wu y yo trabajamos duro organizando los detalles de los sepelios, y después de que esa triste tarea se había terminado, tuvimos una ceremonia de siete días para el bienestar de los muertos. Nuestros esfuerzos se apreciaron grandemente y muchos Cantoneses se convirtieron al Budismo.

Ese verano, en el cuarto mes, finalicé mi Comentario sobre El Sutra Lankavatara, pero por algunos de mis discípulos no entendían su idea principal, también escribí El Zhong Yong Directamente Explicado, capacitándolos a comprender el sutra.

Las personas convictas de crímenes no eran habitualmente bienvenidas a la sociedad respetuosa y refinada. Los sacerdotes convictos eran particularmente aborrecidos. Así que, generalmente, fui tratado fríamente e incluso ignorado por la mayoría de las personas. Pero pasó que, el Gobernador Chen Ru Gang, quien en su deber era muy estricto y severo en sus maneras de tal forma que nadie nunca se había atrevido a llamarlo privadamente, frecuentemente envió sus hombres con amabilidad a hacerme preguntas. Alentados por esto, Ding You Wu y yo decidimos un día pagarle la visita. Naturalmente, no pudimos pasar más allá del portero.

Esa tarde, sin embargo, el Gobernador vino al bote a visitarme. Trajo comida y té y nos sentamos a charlar hasta media noche. Su amistad hacia mí dejo boquiabierto a todos. Más tarde, hablando con otros oficiales me elogiaba abiertamente, incluso diciendo que yo era el maestro más talentoso de la sangha. Para enfatizar la ayuda que me estaba dando, ordenó a varios jefes de departamentos que me visitaran; y de un momento a otro las personas de la región completa de Ling Nan comenzaron a demostrarme algún respeto.

El Quincuagésimo Tercer Año (1598-9)

Esa primavera, en el primer mes, el administrado que había sido acusado de irresponsabilidad fiscal en los planes de reconstrucción de Bao En fue deportado a Lei Yang. Él me fue a buscar en Guangzhou donde yo estaba editando el manuscrito de mi comentario sobre el Sutra Lankavatara. Cuando me preguntó acerca del panorama de Lei Yang, le enseñé mi manuscrito diciendo - Este es el panorama de Lei Yang. - Él valoró tanto el examen del documento que inmediatamente comenzó a solicitar donaciones para tallar los bloques de madera e imprimirlo.

El Inspector Zhou Hai Men, jefe de la oficina de impuestos sobre la sal, me llamaba frecuentemente para preguntarme sobre el Dharma. Estaba particularmente interesado en la historia del Monasterio del Sexto Patriarca en Cao Ji y me pidió que revisara los anales oficiales de Cao Ji.

En ese tiempo, muy poco de la teología Budista se enseñaba en Guangdong. Un día, el Consejero Imperial Zhou Hai Men, quien enseñó las metafísicas de Yang Ming, me trajo su clase para preguntarme sobre Budismo. Uno de sus estudiantes, Long Sheng, estaba suficientemente impresionado con mi enseñanza, así que cuando regresó a su casa las repitió a dos de sus amigos, Wang An Shun y Feng Sheng Chang. Más tarde, los tres regresaron a mi residencia y me pidieron que les diera instrucción adicional. Les enseñé la doctrina trascendental, la cual entendieron y aceptaron. Seria y sinceramente practicaron el Chan y fueron capaces de convertir a muchos otros al Budismo. Por los esfuerzos de estos tres discípulos, Los Tres Tesoros - el Buda, el Dharma y la Sangha - llegaron a ser bien conocidos en la región.

Ese verano preparé un salón de meditación para predicar abiertamente el Dharma. Recordando los votos del Maestro Da Guan de recitar el Sutra del Loto cien veces para reducir el sufrimiento, decidí enseñar este sutra a unas cuantas docenas de monjes y discípulos que se reunían en el salón. Cuando llegué al capitulo sobre la Estupa Preciosa, repentinamente agarré el significado de Buda. La Tierra Pura de los Budas existía y estaba frente los ojos de cada ser humano. Las Tres Transformaciones que eran necesarias para entrar estaban disponibles a todos, incluso para aquellos de habilidad inferior. Entonces escribí un comentario titulado Aplaudiendo el Sutra del Loto.

Purifica Tu Mente
Tu Verdadera Naturaleza es profunda, como las aguas calmadas y claras de un lago.
Si dejas que el fondo se revuelva por el amor o el odio,
Las olas de pasión se levantarán. Lo que era claro llegará a ser lóbrego.
Con tu visión obstruida, no notarás
Cómo tus problemas van aumentando.
Si miras con deseo sobre las personas y las cosas,
Estás tirando lodo al agua clara.
Si te permites a ti mismo llegar a ser el deseo de otro,
Eres como aceite derramado sobre el fuego de la pasión.
Cuando el estruendoso ego se hunde en el silencio,
Los infiernos quemantes se convierten en hielo.
Deja que tu ego se resbale gentilmente hacia la muerte silenciosa.
Cuando los ojos del ego están cerrados, el daño aparece en vano.
Esta muerte no llega fácil. Ponte alerta en contra de los viejos hábitos
Que, la frecuencia llega a agudizarlos. Se firme y tolerante.
La alerta trae el conocimiento y el conocimiento es una luz que en un
Destello centelleante oblitera todos los trazos de un fantasma.
Deja que tu Verdadera Naturaleza brille abiertamente en claridad perfecta.
Descansa en la calma pura y serena de la Unidad.
Solitario, eres el soberano. Tú mismo siendo un reinado extraordinario.
¡Reina con paz y armonía!
¿Qué fuerza externa posiblemente puede invadirte?

El Quincuagésimo Cuarto Año (1599-1600)

En la primavera finalicé la talla de los bloques de madera para mi Comentario Sobre El Sutra Lankavatara. Conferencié sobre él y distribuí cien copias de a los Budistas eruditos y aquellos oficiales gubernamentales quienes me habían ayudado a expandir el Dharma. Particularmente quería que ellos conocieran, que a pesar de mis dificultades, todavía estaba ejecutando mis deberes sacerdotales.

Muchos Cantoneses observaban la costumbre de sacrificar animales para ofrecérselos a sus ancestros. En el decimoquinto día del séptimo mes, se colectaron muchos animales para un ritual de sacrificio. Fue tan lastimoso verlos esperando para su masacre, que establecí el ritual del Ullambana en el cual la comida vegetariana y los rezos fueron ofrecidos en sacrificio de respeto a los ancestros. Di charlas sobre la santidad de toda clase de vida y traté de persuadir a las personas para que dejaran de matar los animales ya fuera para comer o para actos de sacrificios. Me complació ver cuantas de ellos aceptaron mis enseñanzas. Desde ese momento en adelante, las ceremonias de funerales y cumpleaños, tanto como los rituales de servicio Kshamayati, fueron realizados con comida vegetariana ofrecida en sustitución a la carne animal. Muchos pájaros y animales fueron de hecho liberados. Esta gentileza a los animales fue observada tan favorablemente, que muchas personas fueron estimuladas para convertirse al Budismo.

Ese verano, en el quinto mes, el Magistrado Chan, quien había sido mi amigo íntimo en el Dharma, regresó a casa. Cuando llegó no me llamó a mí ni a ningún otro monje superior, sino que en su lugar mandó a un mensajero a pedir que le prestara cien grupos de utensilios para comer. Cumplí con su pedido. Después, nos sorprendimos cuando nos invitó a un banquete. Naturalmente, nos sirvió con los utensilios prestados. Fue un placer saber lo mucho que respetaba a la sangha. No mucho después, renunció a su puesto. Temiendo que pudiera estar enfermo, fui a visitarlo, pero había muerto un momento antes de llegar. Su cuerpo se trajo al pueblo el próximo día y fui directamente al cementerio a brindarle mis últimos respetos.

En el cementerio, me encontré con el Supervisor Ren del distrito de Chao Yan. Él y yo fuimos a Hui Yang y entonces, aceptando su invitación, fui con él a visitar el Lago Oeste. En Dong Po escalamos el Pico Grulla Blanca. Mi tristeza sobre la muerte del Magistrado Chan no me dejaba, y cuando regresé a casa rehusé recibir visitantes y en su lugar me senté en meditación solitaria.

El Quincuagésimo Quinto Año (1600-1601)

La invasión Japonesa atemorizó al país completo. En añadidura a los temores nacionales, las comunidades locales estaban aterrorizadas por los recaudadores de impuestos de aduana. Decidí cerrar el templo temporalmente y esparciendo a mis seguidores, me retiré a un lugar relativamente cercano.

Los mercaderes de arroz, tratando de sacar producto de la situación devastadora, comenzaron a exportar grandes cantidades de arroz a la Provincia de Fujian; y como el arroz llegó a escasear en Cantón, su precio se alzó. La mayoría de las personas no podían afrontar comprar arroz y la hambruna creció, creciendo igualmente su resentimiento hacia los Fujianeses.

Ahora bien, los Fujianeses tradicionalmente pintaba sus vasijas comerciales de blanco, y los recaudadores de impuestos podían fácilmente encontrarlas, y por supuesto también a las personas; cada vez que los recaudadores de impuestos abordaban un bote Fukien de arroz, las personas se amontonaban en los muelles agraviando a la tripulación.

En una ocasión, los recaudadores de impuestos abordaron una nave Fujianesa y descubrieron que el hijo del Comandante militar Provincial de Cantón, era nativo de Fukien. Cuando las personas se enteraron de la presencia del hijo en la nave, comenzaron a sublevarse. No podían creer que su comandante, quien su deber era la protección de las personas de Cantón, estaba de hecho contribuyendo a su sufrimiento ayudando a su propio hijo a sacar producto del mercado del arroz. Cuando las noticias del abuso oficial se diseminaron, miles de personas vinieron a unirse a la sublevación. Tirando piedras y blandiendo sus armas, marcharon hacia la oficina de administración provincial.

Y para mala suerte, todos los tres administradores de alto rango se habían ido a Jun Men para un festival y allí no había ninguna autoridad que se ocupara de la sublevación. Desesperado por resolver esta situación, el comandante envió a su asistente a mi retiro para pedirme ayuda. Al principio rehusé, diciendo que no podía hacer milagros. Pero entonces el asistente comenzó a llorar y cayendo a mis pies, me imploró ayuda. - Muchas personas morirán - dijo, y escuchando esto me levanté y corrí al lugar de la sublevación.

Le grité a la multitud - ¡Lo que quieren es arroz, pero están pidiendo la muerte! ¡No se dan cuenta que por sublevarse están rompiendo la ley! ¡No pueden recibir la sentencia de muerte por esto! Comprendo que quieran el arroz más barato. Pero incluso si lo obtienen, ¿cómo pueden comérselo si están muertos? Les supliqué que regresaran a sus hogares y se retiraron lentamente.

Mientras tanto, cuando los tres administradores de alto rango que estaban celebrando en Jun Men escucharon sobre la sublevación, regresaron inmediatamente. Pero para cuando llegaron, todo estaba tranquilo y apacible.

Todos me acreditaron el haber sofocado la sublevación. El Superior Ren, comentando sobre mi nueva reputación, me escribió, "Si no hubiera acudido, ¿qué habría pasado en el pueblo? Pero, dado que lo hizo, ¿qué le pasará ahora?" También yo sabia que no tendría paz por causa de mi intervención.

Ese otoño, en el séptimo mes, el Superior Dao Zhu del Distrito de Nan Shao, me invitó a Cao Ji. Agarré el chance para alejarme. La invitación también me dio la oportunidad de brindarle mis respetos a los restos del Sexto Patriarca.

Pero mi intervención exitosa me había asegurado tambien una invitación del nuevo Gobernador Dai, que ordenó al comandante traerme a su oficina.

El Gobernador me recibió calurosamente, incluso sirviéndome una comida especial vegetariana y me deleitó dándome la seguridad que protegería el Dharma. Cuando nos íbamos me dijo que le pidiera ayuda cada vez que la necesitara. Confortado y feliz me despedí y partí hacia Cao Ji.

El Quincuagésimo Sexto Año (1601-1602)

En la primavera, durante el primer mes, llegué a Cao Ji y encontré que el monasterio de novecientos años del Sexto Patriarca, el origen mismo del Budismo Chan, había sido convertido en un mercado de carne. Animales chillando estaba siendo masacrados, adobados y exterminados. Montones de gusanos apestosos y tripas infectadas llenaban el patio majestuoso. Vendedores ambulantes parados en cajones gritaban por la atención de la multitud acordonada. El lugar entero era una confusión total. Incluso el cementerio, dedicado solamente para los restos de los religiosos, había sido invadido por los parientes muertos de los campesinos de la vecindad.

Los monjes que todavía vivían en Cao Ji estaban tan imposibilitados como un rebaño de ovejas. Ya sea por corrupción o por temor, ellos no hicieron nada para oponerse a la profanación de este lugar sagrado. Los mercaderes, los artesanos y una variedad de bandidos conducían sus viles negocios sin ninguna oposición de las autoridades religiosas o civiles.

Profundamente disgustado, fui al Gobernador Dai y le supliqué que me ayudara. Su respuesta fue inmediata. Ordenó al magistrado del distrito que enviara una milicia a Cao Ji y en tres días, los vendedores y los mercaderes fueron sacados y sus negocios derrumbados. Los montones de escombros y despojos se removieron y el templo y todos sus edificios fueron limpiados.

Con mucha satisfacción, el Gobernador y yo inspeccionamos el monasterio. Después, a medida que disfrutábamos de una comida vegetariana, me dijo - Maestro, le hice un favor limpiando el monasterio del Sexto Patriarca. En pago, usted puede hacerme otro.

- Haré lo que mejor pueda - repliqué. - Exactamente, ¿cuál es el problema?

Él explicó - Las personas de esta región están siendo constantemente acosados por los pescadores de perlas y los mineros, quienes, entre otras ofensas, roban las tumbas ancestrales. La ley no tiene poder para capturar esos criminales porque no sabe cuándo o dónde van a atacar. Los pescadores de perlas tienen muchos botes y cuando uno de ellos comete un acto de piratería, nadie puede determinar cual es el culpable. ¿Ves? - me dijo en confidencia - la provisión de perlas ha menguado tanto que no hay mucho trabajo para los pescadores. Pero dado que ellos se ganan la vida robándole a la gente aquí, rehúsan irse. Es la misma situación con los mineros. Cuando ellos no están trabajando en las minas, vienen por la noche y roban las tumbas ancestrales. Ambos, los pescadores de perlas y los mineros tienen permiso oficial para trabajar aquí, así que simplemente no podemos botarlos. Las personas aquí están desmoralizadas moralmente por tal falta de control; y confieso que simplemente no sé como ayudar a corregir la situación.

- Puedo entender tu problema - le dije. - No será fácil resolverlo. - Pero estuve de acuerdo en tratar de ayudar.

Dio la casualidad que Li, el oficial a cargo de los pescadores de perlas y las operaciones mineras, vino a Cao Ji a pasar el otoño en la atmósfera placentera del monasterio en la montaña. Asumí su instrucción en el Dharma la cual recibió con gran placer.

Ahora, como devoto Budista, Li quería demostrar su apreciación haciendo algo más que donar dinero al monasterio. Entonces, vi mi oportunidad de proponerle una solución al problema. - Claramente - le dije - cuando el Emperador dictó los permisos de trabajo, no fue con la intención de permitirles a los pescadores y los mineros que permanecieran en el área después de que su trabajo estuviera terminado. Y ciertamente, nunca intentó que ellos deberían ofender a las personas tan cruelmente. Sé que los culpables claman que ellos todavía están trabajando legítimamente, pero usted y yo sabemos que esta reclamación es meramente una excusa para permanecer.-Entonces le sugerí que requiriera una 'prueba de trabajo', inspeccionando los resultados de lo que ellos decían habían hecho. Si ellos no podían producir ni perlas no oro, entonces se les debería ordenar dejar la región. Multas podían ser impuestas si fallaban en retirarse como se les ordenaba.

Li pensó que mi plan era digno de mérito y lo implementó sin ninguna tardanza.

Los problemáticos fueron dispersados y el orden fue restaurado. Por lo tanto, por ser un instrumento en la pacificación de la comunidad, fui capaz de pagar mi deuda con el Gobernador Dai. Extremadamente agradecido, llegó a ser inclusive, mucho más de lo que era, un entusiasta protector del Dharma. Bajo sus auspicios fui capaz de expandir los templos de Cao Ji, mejorar sus calles, comenzar un programa de entrenamiento para los monjes, preparar a ciertos monjes talentosos para que enseñaran los Preceptos Budistas, establecer reglas y regulaciones sacerdotales, asignar una jerarquía para gobernar justa y eficientemente, colectar rentas, pagar impuestos, y rescatar todas las propiedades del templo. Todo esto fue logrado en un año.

El Quincuagésimo Séptimo Año (1602-1603)

Durante este año se hizo un trabajo adicional en Cao Ji. Renovamos el salón del Sexto Patriarca, construimos una pared de contención en la parte de atrás de los edificios del templo, mejoramos muchas vías y caminos, y convertimos algunos de los edificios seculares que habían sido construidos por los mercaderes en casas de hospedaje para los monjes visitantes.

El Quincuagésimo Octavo Año (1603-1604)

En el undécimo mes de ese invierno, el Maestro Da Guan fue encarcelado en la capital por los cargos que se le habían imputado en su contra en una carta anónima enviada a un oficial del gobierno. Temí que su asociación conmigo le había causado sus enemistades y definitivamente, en su juicio, él estaba implicado en mi caso. Sabia que el maestro Da Guan nunca me traicionaría, pero conociendo el poder de sus enemigos, anticipé indiscutiblemente nuevos cargos en mi contra. Recé y esperé. Entonces, tristemente, el Maestro Da Guan murió en su celda mientras estaba sentado en meditación.

The Emperor was merciful and no further charges were brought against me. I was permitted to travel to the South. Also that year, my attendant, Xin Guang, joined the sangha.

Esa primavera, en el primer mes, dejé Cao Ji y regresé a Lei Zhou. Recuerdo que el Maestro Da Guan me había dicho una vez que el Sutra Surangama requería más comentarios. - La causa y el efecto, en relación con los asuntos mundanos, necesitaba ser explicada meticulosamente - había dicho. Decidí escribir acerca de la inmortalidad y cómo las fuerzas diabólicas, cuando no son propiamente controladas, pueden corromper incluso a las mejores personas. Llamé a mi libro La Doctrina de la Mente de Chún Qiu Zuo.

El Sexagésimo Año (1605-1606)

Esa primavera, en el tercer mes, crucé el Mar de Hai Nan hacia Nan Zhou y me quedé en el Templo de Ming Chang mientras escribía el prefacio del libro sobre la inmortalidad el cual terminé inmediatamente. También visité el Templo de Feng Lang, que lo hizo famoso el poeta Su Dong Po, y fui a ver el Manantial del Dragón Blanco. También estuve buscando el templo del Maestro Chan Jue Fan pero no lo pude localizar.

Entonces escribí acerca de mis exploraciones en la región y también documenté mis impresiones de la Fuente del Maíz Dorado que había visto cuando visité a Ming Shan.

Una noche, mientras estaba sentado en una loma mirando el pueblo distante de Ju Cheng, tuve una terrible premonición, el pueblo iba a ser destruido. Le conté a mis seguidores acerca de la premonición y les pedí que oraran por la supervivencia del pueblo. Ninguno de los residentes del pueblo dieron ninguna consideración a mi presentimiento. Frustrado por la indiferencia, decidí dejar la región. Todos me suplicaron que me quedara, pero rehusé.

Una noche, dos semanas después de mi partida, un fuerte temblor de tierra sacudió la región. Las puertas del pueblo, la pared del este y numeroso edificios fueron destruidos. El Templo de Ming Chang también se derrumbó. La cama en donde hubiera estado durmiendo cuando el temblor ocurrió estaba enterrada en tongas de escombros. Si no me hubiera ido cuando lo hice, seguramente estaría muerto a esta hora.

Ese verano, en el cuarto mes, el Gobernador de concedió regresar a Guangzhou.

Ese otoño, en el séptimo mes, regresé a Cao Ji para terminar el trabajo de restauración en el Templo del Sexto Patriarca. Infortunadamente, dado a la falta de dinero, sólo sesenta y siete por ciento del trabajo había sido hecho. Tuve que dirigirme a un gran número de oficiales Budistas y rogarles por los fondos requeridos. Con sus donaciones, el proyecto de reconstrucción fue finalmente terminado ese año.

También reparé el Templo de Chang Chún An en Guangzhou, que llegó a ser un anexo al Templo de Cao Ji.

Ese invierno, en el décimo mes, mis asistentes, Guang Yi y Guang Se, se unieron a la sangha.




 
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Última modificación: July 11, 2004
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