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 » Capítulo 4 - Los Orígenes de las Dos Escuelas Principales del Chan
Ming Zhen Shakya
El Séptimo Mundo del Budismo Chan
por Ming Zhen Shakya
Traducido por < Rev. Yin Zhi Shakya, OHY

Capítulo 4 - Los Orígenes de las Dos Escuelas Principales del Chan

El Sexto Patriarca, notando que cierto monje joven pasaba todo su tiempo libre sentado solo en el salón de meditación, se acercó a él y le preguntó por qué su práctica era tan ferviente. “Porque quiero llegar a ser un Buda,” el monje replicó. “Podrás mucho más rápido” dijo Hui Neng, “hacer un espejo puliendo un ladrillo, que hacer un Buda sentado en un cojín.”

Durante los años de guerra civil y la tiranía del Emperador Qin, Qin Shihuangdi, el Daoísmo había continuado floreciendo en las idílicas montañas del Sur de la China. Las necesidades espirituales de la religión, sin embargo, podían duramente ser alcanzadas por las multitudes de personas que llegaban buscando, no la salvación eterna, sino el refugio temporal. Como es el hábito del que no está confirmado y establecido espiritualmente, se buscaron los ‘caminos cortos’. “Circular el semen de uno en la corriente sanguínea” no es una práctica que se aprende entre semanas ni de un mes a otro. La búsqueda de soma, los afrodisíacos, los elixires de la longevidad, y los agentes químicos para acelerar que el Feto Inmortal, llegó a ser en la mente popular, la obsesión del gran Dao. La fórmula química con los elementos básicos esenciales, pronto llegó a reemplazar las frases voluptuosas de Lao Zi y Zhuang Zi. Todos querían ser un inmortal instantáneo.

El Emperador podía fácilmente haber perseguido a los Daoístas a las montañas, desarmarlos y finalizar con todos. Pero no lo hizo. En su lugar, él trajo a su corte a varios adeptos y les suministró la última tecnología para el desarrollo del elixir divino. Deseando no desperdiciar su tiempo con tontos y neófitos, él evaluó a los adeptos. De acuerdo a una historia más bien pintoresca o fuera de lo común, a cada candidato se le requería que insertara su pene o miembro viril en un vaso de vino y entonces se le hacia penetrar esa bebida en su vejiga. De esta forma, aquellos que eran hombres eran separados de los niños.

El que los maestros de hecho se sometían a la prueba y entonces se mantenían en ella para tratar de preparar o crear el elixir sagrado, nos dice mucho acerca de las direcciones que el Dao había tomado.La metalúrgica y la química Daoísta, sin embargo, progresaron suficiente para producir sorprendentes y “mágicos” resultados a medida que inducían un optimismo salvaje entre aquellos que querían la inmortalidad. Sin ningún entendimiento de las leyes operativas de la naturaleza, las personas verdaderamente creían que era posible preparar, si no una fuente de la juventud, por lo menos un frasquillo de ella. El Emperador había tolerado el Daoísmo por la sola razón de su intención de vivir para siempre.

Él llegó a su final de una forma insólita y curiosa. Él tuvo un sueño en él cual peleaba con un makara – una criatura anfibia asociada con el Chakra

Svadhisthana. El sueño lo inspiró a participar en la matanza de una ballena o algún otro gran animal gigantesco marino. Por razones incomprensibles, inmediatamente se enfermó y se murió en unas cuantas semanas.

Una rebelión de campesinos rápidamente atacó lo que quedaba de la dinastía de Qin Shihuangdi y una cadena más civilizada de gobernantes, los Han, (206 a. C. – 220 d. C.) tomó el poder. La vida china retornó a la normalidad, y en una atmósfera más relajada, la presión fue eliminada de los ashrams Daoístas. A medida que las personas inadaptadas a la existencia de la espiritualidad y la simplicidad del Dao regresaban a la vida ordinaria, el Daoismo monástico regresaba a su Forma pura e inmaculada.

Fue entonces, durante el período de Han, que el budismo hizo su entrada en China. El Budismo emigró hacia el norte por el camino ínter asiático de la Ruta de la Seda, continuando hacia el sur a través de los puertos, particularmente por el de Guangzhou (Cantón). Dos completamente diferentes recepciones le fueron concedidas.

En las ciudades norteñas de poder y aprendizaje, la clase gobernante, los Confucianos, habiendo reafirmado su dominio político después de la caída de la dinastía Qin, removieron con aristocrática arrogancia las diversas y diferentes escrituras Budistas que gradualmente habían estado circulando. Ellos encontraron, que las enseñanzas nuevas eran más que una colección de supersticiones bárbaras, extrañas, y desconocidas, y que eran diametralmente opuestas a sus creencias sofisticadas.

En el sur, donde todos ya eran bárbaros, las escrituras fueron recibidas como una variación satisfactoria de los temas ya en existencia de la filosofía Daoísta.

Los Confucianos del norte predicaban las virtudes de la identidad colectiva, de la necesidad de un individuo a subordinar su propio interés a aquellos de su familia y de su clan. Un hombre servía los miembros pasados y presentes de su familia y ellos, en retribución, lo servían a él. Había una responsabilidad y una compensación colectiva. En tal sistema de orientación grupal, la nociones Budistas de autonomía propia, eran decididamente subversivas. Ni siquiera el Hijo del Cielo funcionaba como un individuo.

Desde el punto de vista Confuciano, la nueva religión era intolerable. Los intelectuales, que su erudición recreativa era financiada por la familia, miraban el modelo de Buda considerablemente alarmados. La idea de que un hombre-noble-educado pudiera abandonar su derecho inalienable de nacimiento para hacer su práctica – ¡cómo un vagabundo errante! – una salvación independiente traída de lejos, era peor que despreciable. Y en adición, la reencarnación y el karma eran claramente blasfemias bizarras. Los espíritus ancestrales del hombre eran completamente responsables. No había espíritus disponibles sueltos por ahí esperando habitar nuevos cuerpos; y, gracias a la meticulosidad de los fantasmas, nadie requería sufrimientos o favores adicionales para que se supliera la retribución kármica. Los magistrados, con sus fórceps siempre listos, palidecían al prospecto de que el castigo del hombre podría esperarle a ellos en una vida más allá de su alcance. Ellos se mofaban de la sugerencia de que cualquier sufrimiento que ellos imponían sobre los acusados podía ser usado no sólo para su crédito sino para su descrédito en el juicio de ese otro mundo. Los guerreros no encontraban ni el menor mérito en el sistema de la no-violencia; y los dueños de tierra o caballeros feudales, quienes sus fortunas dependían del pánico de los siervos o feudatarios, no se sentían muy cómodos con la visión de miles de mendicantes en éxtasis deambulando a través de sus estados o feudos. Todas estas reacciones eran predecibles: Para cualquier clase alta, una sociedad sin clase tiene muy poco para elogiarse o recomendarse.

En las tierras de adentro de las ciudades norteñas excesivamente pobladas, donde los largos y agrios inviernos eran el escenario de tanta tragedia, aquellos que controlaban los granjeros, controlaban los destinos de ambos, los dioses y los hombres. El budismo no pudo llegar muy lejos mientras que la clase que gobernaba dictaba en contra de él.

Pero en el sur rural, la comida era abundante todo el año y los mercados no eran monopolizados. La salvación a través del esfuerzo individual, el ascetismo y las separaciones entre padres e hijos estaban ya legitimadas por el ideal Daoísta (y de todos los yogas) del retiro disciplinado. Aunque la falta de dinero en efectivo para armamentos y la necesidad de ser independiente habían conspirado para crear las Artes Marciales Daoístas /Indias, la naturaleza de no-violencia era todavía la característica indispensable del hombre de Dao; y la reencarnación podía duramente plantear un reto a cualquier hombre que creyera que podía obtener la inmortalidad en esta vida presente. Mendigar no era mirado como una buena ocupación para nadie; pero dado que el hombre de Dao no era, por definición, un aristócrata Confuciano, él era hasta cierto punto dado a la labor. Siendo de tal posición humilde, él hombre de Dao no requería esas adicionales modestia y humildad que se obtienen a través del ejercicio espiritual de mendigar. Además, en el sur, donde la población estaba esparcida, la lejanía y la incomunicación de la mayoría de los retiros Daos, servían para discutir el problema. No había muchas personas por los alrededores para mendigar.

Pero cuando la dinastía Han se calló en el año 220 a. C. a medida que los bárbaros norteños invadieron y tomaron el poder, la vieja guardia Confuciana llegó a ser el enemigo del nuevo estado. El triunfo espectacular del Budismo en las tierras desde donde habían emigrado no pasó inadvertido por la nueva elite. El Budismo Ortodoxo encontró inmediatamente el favor de la corte Imperial. Todos le dieron la bienvenida a las toneladas de escrituras que habían sido llevadas en sacos por camellos, caballos, y peregrinos.

El Budismo había entrado en el norte de China a través del sistema comercial. Al mismo ritmo natural que ese comercio, había crecido, expandiéndose continuamente, una clase de mercaderes y artesanos urbanos que operaban fuera del sistema feudal y de las delicadezas y amenidades del privilegio Confuciano. Dado que los siervos o feudatarios no creaban mercados, por el miedo de ser siervos ellos mismos, los mercaderes estaban felices de ayudar a cualquier institución que promoviera libertad social – de esta forma incrementando el volumen de clientes – y que también promoviera fácilmente el perdón de los trasgresores. (Recuerden el duro castigo impuesto por engañar al consumidor alterando las balazas de peso para el provecho personal.)

Cuando las dinastías no-Chinas del norte se convirtieron al Budismo ellos se llevaron consigo esta congregación de mercaderes entusiastas y un ejército pequeño de teólogos desempleados quienes, para su delicia infinita, rápidamente descubrieron en la diversidad y la inconsistencia de esta montaña de escrituras importadas, una aglomeración de tesoros, una apertura a la gloria, un filón abundante de argumentación. Muchas escrituras emergieron como favoritas entre el clérigo del norte: el Vinaya (las reglas que gobiernan la vida monástica), que los alivia del trabajo, los impuestos, el servicio militar y del arduo compromiso de la ley civil; el Lotus Sutra, una exposición de la verdad del Mahayana; y el Lankavatara, el Sutra de la ‘doctrina de la consciencia’. El Canon, como se tradujo, no era atractivo. ¡El lenguaje extranjero era más filosóficamente sutil que el lenguaje nativo! Los interpretes locales se desesperaron en tratar de capturar las mariposas de la fina distinción del Sánscrito con las ineptas cadenas del lenguaje Chino práctico. Sus resultados fueron frecuentemente distorsionados, inatractivos, y difíciles de comprender.

Los académicos del sur, por otra parte, tenían ya sus rutinas y sus costumbres, y se les hacia el trabajo mucho más fácil. A través de los comentarios privados y consultas entre los yoguis, los conceptos metafísicos Indios ya se habían incorporado a las metafísicas del Dao.

Los académicos del norte, adhiriéndose a las tradiciones heredadas de la cultura Confuciana, eran unos caballeros despreocupados de clima frío. Ellos disfrutaban el sentarse en sus bibliotecas deliberando y volviendo a deliberar por horas sin final. Los monjes sureños, libres de la pobreza, no usaban ese tiempo como recreo ya que en su lugar tenían discusiones inútiles. Ellos buscaban la salvación a través de enfocar su atención en ‘los trabajos’ (Karma Yoga), a través de la disciplina de la meditación, o a través de la renunciación, el método Indio inmodesto de retirarse “al bosque”.

También, el Budismo del Norte desde que nació, fue un hijo de la política y la población. Cuando los gobernantes se convertían, las masas se convertían. Se le pedía a la organización que controlara directamente los integrantes, y el Budismo Ortodoxo funcionaba perfectamente como un vehículo de salvación de masas en tránsito o por lo menos como un medio de control de multitud para ambos, los clérigos y los hombres comunes. El Budismo del Norte entonces, vio la salvación a través del estudio y el mérito adquirido por el buen trabajo de proveerle al público con templos, altares, estatuas y cosas por el estilo. El Budismo del Sur era y permaneció siendo un vehículo más tranquilo y solitario para un viaje espiritual.

La clase gobernante del Norte prontamente después de haber abrazado la nueva religión, originó el profundo arrepentimiento de tanta afección por ella. De acuerdo a las reglas importadas, los monasterios eran los cielos libres de impuestos y los monjes eran la excepción de cualquier actividad que podría remotamente ser determinada como trabajo. Y además, las colectas de fondos no eran vistas como trabajo y, en consideración a los disgustos de los nativos con los mendigantes, una solicitud gentil de donaciones fue creada para sustituir aceptablemente la mendicación de comida. El dinero que podía haberse gastado en propósitos seculares llenaba los cofres Budistas. Parece que los monjes ofrecían mucho en recompensa por las donaciones que ellos recibían. Aparte de ser una mala publicidad para su generosidad, los hombres que querían reencarnar favorablemente podían comprar su camino a esa meta a través de hacer acciones meritorias, ejemplo, regalar tierras y dinero a la sangha Budista. El poder de compra del clérigo usualmente sobrepasaba al de las autoridades civiles. Por lo tanto, sin tener que contribuir con su moneda al costo del gobierno o a sus cuerpos de defensa nacional, la sangha fue capaz de vivir relativamente bien en la porquería o el dominio establecido (literalmente porquería, dado que en ese tiempo la mayoría no era vegetariana.) En unos cuantos cientos de años, miles de monasterios Budistas, rellenos con decenas de miles de monjes y monjas, y cubriendo cientos de miles de acres, surgieron a través de China. Para el tiempo en que Bodhidharma llegó a China, el país podía vanagloriarse o desesperarse por tener un estimado de treinta mil monasterios habitados por dos millones, más o menos de monjes y monjas.

A medida que los monasterios y los tronos competían unos con los otros en opulencia, fortunas en metal eran invertidas en estatuas y objetos religiosos. Los edificios eran palaciales y los sacerdotes y monjas que habitaban en ellos eran alimentados y vestidos en una forma que garantizaba, con tan lujosa atmósfera, el hacerlos sentir en casa. Dado que las manos manchadas de tierra eran prohibidas, alguien tenía que ser traído para hacer el trabajo. Y aunque un alma simple podía suponer que la esclavitud violaría un Precepto o dos, sostuvieron que ese no era el caso. Miles de esclavos fueron comprados o recibidos como donaciones para usarlos en el los templos.

Para la mortificación de los mercaderes, los monasterios Budistas llegaron a ser centros de negocio, lugares de préstamos, mercados y otras adiciones de la inversión comercial, y centros de adivinación. Para la consternación de los reyes y ministros del tesoro, más y más riquezas, bajo sus narices, se desaparecían de su alcance. Y consecuentemente, cada vez que los monasterios Budistas se ponían egoístas o eran obviamente creados como protección fiscal para sus dueños, construidos y administrados por las familias ricas con propósitos que no tenían que ver con la religión, nada más que en su apariencia, el umbral de la tolerancia oficial sería cruzado. Periódicamente las tierras y las propiedades Budistas eran confiscadas y los rangos de esta Sangha magnificente se iban debilitando considerablemente. Por último, los sacerdotes que permanecieron, fueron forzados a tolerar viviendas más austeras. El menú de los sacerdotes fue drásticamente revisado: los platos con carne, simples o suculentos, fueron permanentemente arrancados de la

Mientras los centros monásticos sufrían ocasionalmente, el Budismo en los pueblos y villas se las arreglaba siempre para prosperar. Las iglesias locales hicieron lo que las iglesias locales tienen que hacer para sobrevivir: ellos adoptaron dioses y ceremonias abandonados y cambiaron la veracidad de las escrituras por los pronunciamientos de los profetas y clarividentes y los rituales mágicos de los hechiceros e impostores. El templo de la villa era el punto focal de su cultura; y las personas comúnmente, no venían a él para trabajar física o mentalmente para obtener de sabiduría. La mayoría venía en busca de chisme, risa, tratamientos médicos, conmiseración, comida, animación o entusiasmo y la predicción de sus futuros. En fin, la mayoría venia, para ser entretenidos.

Aparte de la crítica oficial de los centros monásticos, los Budistas del norte también se enfrentaron con la oposición de su propio rival, el Daoísmo.

Qin Shihuangdi deliberadamente declinó renovar su romance con el Daoísmo, una pequeñez que sirvió para mantener el Daoísmo libre de la contaminación de la “Vieja Guardia” cuando la Dinastía Han se cayó por sí misma al invadir los bárbaros del norte en el año 220 a. C.

Con el Confucionismo eficazmente removido de la participación activa, los Budistas y lo Daoistas prosperaron. Los devotos llegaron en tres variedades: la variedad espiritual que buscó retiro monástico; la variedad intelectual que prefería las diversiones más sofisticadas de la vida urbana y rural, y la variedad de los creyentes ordinarios del pueblo que se deleitaban en la magia, la superstición, y los beneficios dudosos de la ciencia médica y la adivinación.

Dado que solamente los filósofos Daoístas habían sido capaces de obtener cualquier clase de entendimiento en las nuevas metafísicas Budistas, las traducciones de los sutras estaban cada vez más y más expresadas en la terminología Daoísta, un hecho que los intelectuales Budistas del norte encontraron vergonzoso. En lugar de completar el proceso de unificación y desarrollar una fusión China (como hizo el Chan del Sur), en su lugar ellos buscaron purificar la tensión y la carga Budista instituyendo un proyecto masivo de revisión y corrección (edición) de lo escrito. El Budismo Ortodoxo no descansó hasta que poseyó un canon nuevo, uno que estaba felizmente incontaminado por el Daoísmo. Desdichadamente, su deseo de pureza no se extendió a las escrituras del Budismo Tántrico; y estos últimos inmediatamente llegaron a ser salvajemente populares.

La afrenta a los filósofos Daoístas podía duramente servir para sofocar o suprimir el criticismo Daoísta de la extravagancia Budista. Los Daoístas por lo tanto, estaban satisfechos de añadir sus voces al coro de autoridades civiles que clamaban por acción en contra de la jerarquía Budista que progresivamente aumentaba su irresponsabilidad y descontrol.

A esta masa confusa de teorías y prácticas llegó una variante: la síntesis Budista /Daoísta llamada Chan.

Por el año 519 el Príncipe Ario Bodhidharma había crecido tan disgustado con la anarquía literaria que decidió dejar India (O Irán – nadie está seguro de cual) para navegar a la China y enseñar un nuevo régimen espiritual, uno que estaba misericordiosamente “fuera de las escrituras.”

Un sacerdote enigmático con formidables poderes para obtener los estados profundos de samadhi pero no en destrezas conversacionales, Bodhidharma parece que llegó a Guangzhou (Cantón) como Lohengrin, el caballero blanco: los chinos le describían como siendo transportado por un cisne. En Guangzhou (Cantón), donde él desembarcó, o ‘se bajó del cisne’, se pueden ver murales en los monasterios que conmemoran su llegada. También podemos ver los rizos de su rubia-dorada barba y sus ojos azulados y darnos cuenta del porque los chinos le dieron el sobrenombre de “El Bárbaro de los Ojos Azules”.

Como la legenda lo dice, Bodhidharmafue hacia el norte y se presentó a sí mismo al Emperador Wu de la Dinastía Liang, quien, como Budista consagrado, había promovido y nutrido la causa de su religión, construyendo muchos templos y monasterios. La documentación de su encuentro breve llegaría a ser el corazón o núcleo de la creencia Chan.

Wu: He hecho muchas buenas acciones, ¿cuántos méritos he ganado hacia mi admisión en el Nirvana?

Bodhidharma: Ninguno

Wu: ¿Qué entonces, como Budista, debería haber sido mi meta?

Bodhidharma: Vaciarte de ti mismo.

Wu: Y, ¿quién se cree que es usted?

Bodhidharma: No tengo la menor idea.

De este intercambio sorpresivo y perplejo nosotros aprendemos que no hay tal cosa como una acción meritoria o inmeritoria (el bien y el mal son ficciones en el mundo fabricado del ego fantasmal), que la rendición (kenosis) (ausencia de ego) es la meta de la práctica Budista, y que la Naturaleza Búdica no puede ser obtenida intelectualmente. En el Chan el iluminarse es experimentar la iluminación.

Por nueve años, Bodhidharma permaneció en el Monasterio Shao Linn, silenciosamente absorto en el universo que se le presentaba en el plano superficial de una pared blanqueada.

Aunque él pudo ver el Infinito en un fragmento de cal, no pudo ver los celos y el resentimiento que él estaba causando en el Trono Imperial y en los asientos del poder Budista. ¿Quién aprobaría a un sacerdote educado que no le gustaba debatir los sutras? ¿O un aristócrata que vivía más humildemente que un campesino? ¡Esto era la ruina, pura y simplemente! Sin intelectualidad y sin lujo, ¿cuál era el punto de ser religioso? Los bárbaros que estudiaban una pared necesitaban ser observados.

Bodhidharma persistió en tratar de enseñar sin palabras. Un intelectual llamado Huiko se le acercó repetidamente, suplicándole por instrucción. Pero el Bárbaro de Ojos Azules lo ignoró hasta, que en un esfuerzo para demostrar su sinceridad y obtener la atención del maestro, Huiko se cortó sus propios brazos – o por lo menos la legenda lo dice. Él quería ver lo que Bodhidharma vio en la pared blanca; y eventualmente lo logró. Con esta visión de la realidad perfeccionada, Huiko fue a vivir entre los pobres. Su visión de la ilusión no era tan buena. Los celosos sacerdotes y burócratas estaban ya planeando su ejecución.

Cuando Bodhidharma dejó China y Huiko heredó el Palio “Patriarcal”, el humilde intelectual se encontró a sí mismo responsable por todos los excesos del Budismo tántrico.

Se sobreentiende que la Historia del Chan es brumosa y vaga en este nadir triste. El Palio de Bodhidharma pasó de las manos de Huiko sucesivamente a las manos de tres hombres sobre los que sabemos muy poco. Usando sus nombres de estilo antiguo y romántico, ellos son Seng Ts'an, Tao Hsin, y Hung Jen.

Se dice que el tercer Patriarca Seng Ts'an, sufrió de lepra. Cuando Huiko fue arrestado y asesinado, Seng Ts'an fue a vivir a las montañas, incluso un leproso intocable no podía arriesgar caer en las manos de los reformistas.

Seng Ts'an fue seguido por Tao Hsin, al que se le recuerda mejor como el hombre que realmente comenzó el movimiento monástico del Chan. Él hizo que los monjes fueran inmóviles e independientes. Entre la meditación y el trabajo ellos ganaron la iluminación y eludieron la persecución. El Cuarto Patriarca Tao Hsin fue seguido por Hung Jen, quien ignoró los Sutras del Loto y Lankavatara y se dedicó fehacientemente al el Prajna Paramita del Sutra Diamante. Hung Jen inadvertidamente hizo del Chan lo que es hoy en día. Todo tiene que ver con la selección de su sucesor.

Hung Jen había llegado a ser el Quinto Patriarca a la par que la Dinastía Tang estaba iniciando la Edad de Oro de China. Fue durante el período de este 7º Siglo que tres personajes en particular prepararían el curso que la religión de Buda seguiría en China: Hui Neng, el Sexto Patriarca de acuerdo al Chan del Sur; Shen Xiu, Sexto Patriarca de acuerdo al Chan del Norte; y la formidable Emperatriz Wu de la Dinastía Tang. En la categoría de los devotos, Wu fue una clase en sí misma. (¡Qué mujer!). La Emperatriz, que gobernó desde el 690 hasta el 705, se le puede declarar ser, por lo menos, una de las más ardientes seguidoras del Budismo. De hecho, ella se ofreció a sí misma no solamente como modelo de misericordia sino como la reencarnación definitiva de Guan Yin. El Budismo Ortodoxo del Norte ya no sobreviviría más Su Gracia.

La Emperatriz comenzó su carrera relativamente como una concubina de segunda mano, una de las mujeres jóvenes del batallón intimidada al servicio del Emperador. Sus talentos fueron inadvertidos hasta la coincidencia fortuita que la capacitó para trasmitirles a ellos que justo ella era la persona correcta: Ella estaba pasando por la letrina mientras el heredero al trono estaba sentado en el inodoro o sanitario. Aprovechando el momento, ella lo sedujo al instante, un acto tan audaz y original que el príncipe estaría estimulado y excitado eróticamente por los años venideros. Como era la costumbre, sin embargo, cuando el emperador viejo murió, ella fue enviada a un convento Budista junto con sus otras concubinas. (Quemarlos vivios ya había pasado de moda.)

El Príncipe, ahora el nuevo emperador, establece su corte en la “segunda” capital de Xian con su nueva esposa, que desdichadamente era incapaz de producir un heredero. Él rápidamente se cansó de ella y dirigió su atención amorosa a una de sus jóvenes y bellas concubinas. Su esposa, tratando de desviarlo de esta diversión, mandó a buscar a Wu, de fama obscena, del convento. Ese fue el error repugnantemente fatal de la esposa. Wu dio a luz un hijo que entonces asesinó, después de haber cuidadosamente plantado la evidencia del acto en la esposa y la “frívola”concubina. Convencido de su culpabilidad, el emperador le permitió a Wu observar el castigo. Primero, ella le amputó las manos y los pies y entonces los hirvió vivos. Hecho esto, el Emperador elevó a su Diosa de la Misericordia a un rango mucho mayor que él de la Emperatriz de China.

La buena Emperatriz Wu insistió que la corte debería ser trasladada de Xian a la vieja capital de Loyang, donde ella inmediatamente prosiguió a sufragar la construcción de unos gigantescos centros monásticos.

Durante la Edad de Oro, el Budismo Ortodoxo estimó que su responsabilidad era más o menos ser el proveedor de todas las necesidades del hombre, no solamente la espiritual. De acuerdo a eso, muchos conventos Budistas urbanos funcionaban como casas de prostitución. Y, ¿por qué no? El Budismo Tántrico había probado ser una infección a la cual el cuerpo del Budismo tradicional había llegado a inmunizarse. El sexo y la salvación no solamente coexisten, ellos llegan a ser sinónimos. Incluso el Sólo Cultivo del Daoísmo rápidamente llega a ser un Cultivo Dual; ejemplo, el yoga sexual requería a sus seguidores mantener harenes privados o por lo menos residir cerca de casas de prostitución. La persona verdaderamente espiritual que buscaba la salvación sola y en privado, estaba por definición más allá del escrutinio público.

Los centros monásticos sexuales proveían un servicio adicional: Ellos dispensaban afrodisíacos. La farmacología Daoísta había proveído a la medicina China con un grupo de sustancias para estimular la actividad sexual, y las monjas Budistas se especializaban en su distribución, publicidad y circulación.

Por el tiempo en que la Emperatriz estaba en sus sesenta, llegó a la corte, en un día ordinario cualquiera un tipo extraordinario, un hombre que funcionaba como proxeneta ambulatorio y farmacólogo para uno de los más grandes conventos / burdeles Budistas de Loyang. Este tipo era claramente su propia y mejor publicidad, y su trabajo prodigioso en las camas de los dormitorios de las damas con títulos, rápidamente le ganaron la ayuda Imperial. Wu, siempre la caótica, estaba tan loca y deslumbrada por él, que lo nombró el abate del monasterio principal de Loyang, una posición para la cual, considerando el estado del Budismo Ortodoxo, él estaba eminentemente calificado.

Cuando, sin embargo, ‘el tipo’ falló al recordar el frente de donde sus bendiciones llegaban y traicionó a la emperatriz en más de una ocasión, Wu le torció el pescuezo. La Diosa de la Compasión falló, desdichadamente, para anticipar el vacío que su ausencia había creado. El infierno, a través de las fisuras de las damas súper estimuladas, arrojó su furia sobre Wu. Ella llegó a ser el objetivo de un escándalo violento.

La pobre Wu se encontró a sí misma con unos pocos aliados. Ella no podía depender de la fuerza unificadora de la familia Imperial. De acuerdo a algunos relatos, en ese tiempo ella estaba calculando manipular la sucesión del trono para satisfacer sus preferencias personales, un esfuerzo que le ganó la ayuda de unos cuantos a la expensa de muchos.

El clérigo Budista, considerando su empleo de vendedora astuta y común para una posición religiosa tan alta, le fue muy difícil solidarizarse con una persona que había vendido su honor tan barato.

Por lo tanto, aquellos con los que ella más había contado – los poderosos miembros de la jerarquía Budista – se pusieron en contra de ella y se unieron con los Daoístas, los resurgentes Confucionistas, los miembros descontentos y contrariados de la familia Imperial, y con una variedad de lideres civiles, en una campaña honorable para restaurar el orden moral. Ahora, cada grupo de los participantes o jugadores, en un juego político privado, buscó jugar por ellos mismos una mano invencible. Pero la Emperatriz/ Diosa era todavía popular entre la aristocracia, de forma que sus enemigos vieron la necesidad de primero barajar la opinión ‘publica’ en contra de ella. Las demandas por un nuevo liderazgo moral creció, como también la suposición de que la emperatriz era inepta para proveer ese liderazgo.

Nosotros dejaremos a Wu, la jugadora consumada, estudiando sus cartas y preguntándose como una encarnación de Guan Yin debería responder mejor a la ingratitud y la traición del Budismo ortodoxo, y nos dirigimos hacia nuestros otros dos principales.

Justo por el tiempo en que la emperatriz era meramente una ambiciosa concubina tratando de obtener una posición en el regazo imperial, otro juego poderoso se estaba jugando en el cuartel general de la secta Budista no-ortodoxa y sin importancia: la llamada Dhyana o Secta Chan del Budismo que Bodhidharma había fundado ciento treinta años más temprano.

En el Monasterio de la Montaña del Este, el Quinto Patriarca Hung Jen, mientras buscaba por un sucesor, puso en acción un juego poderoso y crucial.

Todos y cada uno en su monasterio habían asumido que él le pasaría el Manto de la Responsabilidad a Shen Xiu (605-707), un sacerdote aristocrático, que previamente había sido un intelectual Confuciano, y que su integridad, erudición, refinamiento, y dedicación a la practica de la meditación de “mente en blanco” o “mente vacía”, le habían hecho ganar una fama considerable como él hombre que más lo merecía. Pero el Quinto Patriarca Hung Jen comprendió bien que la Iluminación no era una materia de moralidad, trance, intelectualidad, dedicación o gusto; y perdió la esperanza de los intentos inútiles de cualquiera para ganar la salvación tratando de merecerla. Él por lo tanto declinó el nombrar al patricio Shen Xiu al Patriarcado, y en su lugar decidió tener candidatos que compitieran por el honor. Ellos competirían por la posición con poesía. En no más ni menos que cuatro línea, ellos tenían que revelar las profundidades de su entendimiento sobre el “significado fundamental” de la iluminación.

Dado que ninguno de sus compañeros le importaba presentarse para competir en contra de él, Shen Xiu, compuso su cuarteta o redondilla sin siquiera imaginarse que trabajando en la cocina del monasterio había un joven bárbaro, miserable, analfabeto, de pelo largo y piel oscura, esperando para ganarle.

Este hombre, Hui Neng (638 - 713), aunque inculto e ignorante, era espiritualmente muy precoz. Él había experimentado la iluminación cuando escuchó a alguien recitar un verso del Sutra Diamante – la escritura que estaba tan cerca del corazón de Hung Jen y le era tan querida. Preguntando dónde él debería ir para estudiar esas palabras maravillosas, se le dijo a Hui Neng, “A la Montaña del Este, en el monasterio de Hung Jen.”

En harapos con lo que pudiera haber sido el traje de colores de un bufón, Hui Neng se dirigió hacia el norte y se presentó a sí mismo a los talentosos sacerdotes de la Montaña del Este que, se nos dice, se rieron de su apariencia y su presuntuosidad y lo pusieron a trabajar en la cocina. Ocho meses después, en la noche profética de la competencia poética, él estaba todavía trabajando allí como recogedor de granos. Sin embargo, él no había puesto un pie dentro del salón de meditación por mucho tiempo.

Shen Xiu grabó su apunte en la pared del corredor. Sus líneas, traducidas simplemente, eran, “Nuestro cuerpo es el árbol del Bodhi. Nuestra mente es el marco de un espejo brillante. Debemos constantemente pulir ese espejo de forma que no esté polvoriento.” Claramente, Shen Xiu igualó la iluminación con la virtud y observó la conducta ética y la vigilancia de la auto-disciplina como evidencia de la vida iluminada. ¡Borra tus tendencias pecadoras! ¡Actúa correctamente y serás recompensado! Este es el Camino, lento y metódico, llamado Escuela Gradual; pero para el Quinto Patriarca Hung Jen, su meta tenia que ver más con el Budismo Ortodoxo que con el Chan.

Cuando Hui Neng escuchó los versos de Shen Xiu, él lo retó, pidiéndole a alguien que escribiera su respuesta junto a la de Shen Xiu: “¿Árbol de Bodhi? ¿Espejos sucios? ¡La Naturaleza Búdica es siempre pura! ¿Qué puede ensuciarla? ¡El ego no existe! ¿Cómo algo puede ser más brillante?” ¡Esto fue una bofetada intelectual! ¡Ay, ay! Había problemas en la Montaña del Este.

El Quinto Patriarca pensó que él entendió el poema penetrante e intuitivo cuando lo vio y llamó a Hui Neng trayéndolo de la cocina para entregarle el manto de Bodhidharma. Su pobre sirviente había demostrado que incluso un hombre analfabeto puede obtener la Sabiduría. ¡E incluso mucho más! Hui Neng pudo por sí mismo testificar justificadamente como la gracia de la Sabiduría llega de repente! ¡La Gracia! ¡El amor inmerecido y el favor del Buda Mismo! ¡La Iluminación! Para celebrarlo los dos hombres discutieron su querido Sutra Diamante. Podemos imaginarnos su deleite: Hung Jen leyéndolo (Alabados sean los dioses) a un discípulo iluminado; Hui Neng escuchándolo en toda su extensión por la primera vez.

Anticipando las protestas airadas que seguirían a su decisión, Hung Jen le aconsejó a Hui Neng que mantuviera una conducta discreta y reservada, ‘pasando desapercibido’ por algún tiempo; y éste último haciéndole caso al consejo por mucho más tiempo quizás del que era necesario, regresó a China y se quedó allí en las montañas por dieciséis años antes de reaparecer de nuevo en Guangzhou (Cantón) como el Sexto Patriarca.

Inmediatamente después de los anuncios de la sucesión, Shen Xiu, comprensivamente ofendido, se fue del monasterio de la Montaña Este con un grupo de sus partidarios quienes indignadamente insistieron de todas formas en conferirle a él el título de Sexto Patriarca. Él fundó su propio monasterio en el que se adhirió a los métodos tradicionales Budistas. Su práctica llevaba incluida secciones diarias de meditación con la mente en blanco /mente vacía. Para Shen Xiu, simplemente vivir como una persona iluminada era todo lo necesario para que una persona clamara estar iluminada, ¡y así era eso! Ya renombrado por su integridad y erudición personal, él no tuvo dificultad en obtener la reputación de ser un gran maestro Chan.

Así que, mientras unas pocas personas pudieron haber conocido o incluso se interesaron acerca del credo de esta peculiar secta Budista, todos conocían acerca de este maestro ejemplar. Y esa es la razón del por qué la Emperatriz Wu al encontrar cada vez más su nombre mancillado, sus ambiciones infranqueablemente obstaculizadas y sus sacerdotes cruelmente desleales, pensó en Shen Xiu.

Entonces, a medida que sus enemigos jugaban sus cartas mejores en contra de ella, ella calmadamente tenía las cartas triunfo. Ella mandó a llamar a la corte a Su Eminencia, Shen Xiu, el Sexto Patriarca del Chan del Norte.

Y cuando este hombre viejo estaba finalmente acomodado en su exquisita corte, la Poderosa Wu hizo algo que las emperatrices Chinas simplemente no hacían: ella descendió del trono Imperial y bajo la perplejidad absoluta de todos los presentes, se inclinó profundamente ante él. La secta insignificante del Budismo Chan había ganado el mayor de todos los juegos.

El Budismo Ortodoxo Chino, tan obviamente en su fase decadente, virtualmente se colapsó cuando fue confrontado por tal indestructible obstáculo como él del venerable Shen Xiu. ¿Quién podía dejar de obedecerle cuando Wu lo designó a él el Señor del Dharma? ¿Quién podía oponérsele a sus reformas imperialmente responsables o fallar de ayudar los nuevos monasterios que Wu construyó en su honor? Bajo el nuevo régimen, los sacerdotes y monjas Budistas escaparon de los negocios de la carne y pusieron sus conocimientos y capacidad farmacológica a trabajar, tratando condiciones menos riesgosas que las disfunciones sexuales: Los monasterios Budistas de hecho llegaron a ser hospitales para personas enfermas. Y, no teniendo mucho más que hacer con su tiempo libre, los sacerdotes Budistas también se las arreglaron para inventar la imprenta. (El documento más viejo en el mundo es una copia del Sutra Diamante impreso en el año 868 b. C. Es un trabajo de tal refinamiento técnico que los expertos estiman que la actual invención de la imprenta ocurrió por lo menos cien años antes.)

Wu, apta y capaz al fin para ser llamada una benefactora de su religión, sobrevivió para vivir su reinado.

El regio Chan del Norte viviría suficientemente para dejar que su progenie, bajo la regencia del formidable Dogen Zenji, emigrara a Japón como el Soto Zen, el vehículo de iluminación gradual. La Escuela no desapareció enteramente en China: Unos cuantos monasterios remotos se las arreglaron para sobrevivir y todavía hoy en día son instituciones viables.

El Chan del Sur, persistiendo en su actitud de “¿Por qué debo estar preocupado?, continuó perfeccionando la síntesis del Budismos – Daoísmo. Hui Neng, considerándose a sí mismo un simple hombre de Dao, se reunió con muchos seguidores en su monasterio, Bo Lin (Madera Fragante) el cual fundó en "Ts'ao Ch'i" localizado cerca de la ciudad de Shao Guan, más o menos a 120 millas al norte de Cantón. El monasterio es popularmente llamado Nan Hua Si que significa el Monasterio Elegante del Sur de China (elegante en el sentido de clásico). (Nota: Nan Hua Si es el monasterio en él que la autora de este trabajo fue ordenada.)

Por lo tanto, perfectamente identificado con el Daoísmo está el Chan del Sexto Patriarca ya que incluso hoy en día los Daoístas tienen su propio trono dentro de los portones de su monasterio. Hasta recientemente, cuando la práctica estaba prohibida por las autoridades civiles, los Daoístas ponían cohetes y luces de bengala todos los días para ahuyentar cualquier espíritu diabólico que pudiera desear molestarlo. (Su cuerpo, preservado, laqueado y vestido en los atavíos sacerdotales, se exhibe todavía

El 28 de agosto del año 713, Hui Neng, el santo gentil del Budismo y el hombre humilde de Dao, murió, según nuestro conocimiento, sin nombrar un sucesor. Unos cuantos años después, uno de sus discípulos, un sacerdote llamado Shen Hui, ya sea motivado por el deseo personal por el título del Séptimo Patriarca o por un deseo sincero de restablecerle correctamente, a través de China, el título legítimo del Sexto Patriarca a su maestro, expresó el desapruebo de la usurpación del titulo por Shen Xiu y decidió poner las cosas claras de una vez por todas. Él politiqueó poderosamente en contra de los sucesores de Shen Xiu en un esfuerzo para reintegrar el título a sus reclamantes del sur. Siendo relativamente un elocuente orador, atrajo mucha atención.

El emperador Tang, uno de los nietos de Wu, estaba por ese tiempo teniendo grandes problemas económicos. Las costosas guerras civiles le habían implícitamente llevado a la bancarrota y a medida que trataba de buscar nuevos orígenes de ingreso, él vio en la cruzada de Shen Hui una forma por la que podía evadir el orden moral que Shen Xiu había instalado y obtener el mucho dinero en efectivo que necesitaba de los acaudalados laicos o civiles Budistas. El Emperador hizo convenir a los sacerdotes violentos del sur e hizo un trato con ellos: La Corona reconocería las demandas sureñas al patriarcado si Shen Hui recaudaba dinero para ‘ella’ vendiendo a los civiles certificados de ordenación y otras delicadezas espirituales. La religión, siempre un beneficio para los que evadían el pagar los impuestos, otra vez vino al rescate de los ricos. Por una recompensa grande y rápida, años libres de impuestos podían ser disfrutados. Hordas de caballeros inactivos recibieron el llamado sorpresivo de la gloria sacerdotal. Y cuando el Emperador decretó que de ese momento en adelante Hui Neng de la Escuela del Sur era él que iba a ser el solo y único Sexto Patriarca, todos los que eran alguien murmuraron “Amen.” El problema de la sucesión era finalmente resuelto.

La infusión de un nuevo talento en los rangos Budistas hizo poco para mejorar la conducta sacerdotal. Los Budistas del Norte desmoralizados por tal corrupción y deshonestidad imperial, olvidaron las nuevas reformas y recordaron las viejas iniquidades. Una vez más, eso probó la receptividad al contagio de las prácticas tántricas.

El Budismo Chino del Norte pronto llegó a ser algo que los hombres civilizados podían muy bien estar sin eso. Y en manadas, los hombres civilizados optaron justo por hacerlo. Más y más de la elite intelectual pensó refugiarse en la moral Confuciana. Este drenaje de inteligencia y decencia no alarmó a nadie en el poder de la jerarquía. Muchos sacerdotes continuaron usando el Budismo como una protección para la promiscuidad y el egoísmo, hasta que finalmente, cien años después que un emperador Tang hubo examinado e inspeccionado el aumento en los rangos y las filas del Budismo, otro emperador Tang ordenó que todos los monasterios Budistas corruptos fueran destruidos, sus tierras y propiedades confiscadas, sus jerarquías purgadas, y sus templos libre de esclavos.

El Budismo del Sur, como de costumbre, no notó mucho la inconveniencia. El Chan del Sur siempre ha seguido la regla de ‘no trabajo, no cena’. Los sureños, habituados a los refinamientos del yoga sexual Daoísta y a los excesos de la magia Daoísta, no despertaron mucho interés ni se excitaron por los rituales tántricos torpes y vulgares. Algunas pocas personas tuvieron los recursos o sintieron la necesidad de comprar su camino al cielo; y en consecuencia, no habiendo ofendido a nadie, los monasterios del sur por lo general escaparon al castigo imperial. La religión ha encontrado una fórmula simple para la prosperidad; y el Budismo Chan, a pesar de estar abusado y brutalizado por el eventualmente sucesor de Wu, el Presidente Mao, está todavía vivo y salvo, y viviendo en el Sur de China.


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Última modificación: December 03, 2004
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