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 » Capítulo 18 - El Satori, El Koan y el Pulimento Monástico
Ming Zhen Shakya
El Séptimo Mundo del Budismo Chan
por Ming Zhen Shakya

Traducido al Español por < Rev. Yin Zhi Shakya, OHY

Capítulo 18 - El Satori, El Koan y el Pulimento Monástico

El Satori

Todos los seres humanos tienen dos identidades – una sagrada y verdaderamente real, y la otra profana e ilusoria. La sagrada es la Naturaleza Búdica, el Dios interno. La profana es el ego ordinario de cada día, la personalidad compleja que preside sobre la consciencia con pretensiones monárquicas. Éste es el espectro tirano y opresor, por el cual, toda la práctica Chan, lucha para destronar y hacerlo desaparecer.

La salvación se realiza cuando, a través de cualquiera de los estados de salvación o ayuda de la súper-consciencia, los cuales constituyen la experiencia religiosa, alcanzamos los apoyos de la montaña Nirvánica. Este incidente significa que nuestro ego ha trascendido por sí mismo y ha experimentado el Otro, el sagrado Yo. Pero este encuentro no sirve automáticamente para borrar el ego ficticio. Él tirano continúa hostigando nuestros pasos de ascenso en el Camino Óctuplo hasta que finalmente somos privilegiados para presenciar la aniquilación del ego (Satori) y ser, aunque sea por unos momentos, nuestro Yo sagrado existente. El Satori demuestra más allá de toda duda que nosotros y nuestro Señor somos uno y él mismo. Hasta que no experimentamos el Satori, meramente creemos que hay un buda en nosotros. No lo conocemos y por cierto no podemos testificarlo. Podemos ser expertos religiosos; pero sin el Satori, solamente somos capaces de dar opiniones sobre la iluminación, somos “las ovejas de los otros hombres”, no, como Buda lo expuso, “Los pastores que las cuentan.”

La siguiente (con algunas referencias personales) es una lista de siete partes reconocibles o identificables de la experiencia del Satori:

1. La atención es captada por algo... una palabra o frase o sonido rítmico tal como una campana distante, gotas de agua cayendo, o una piedrita cayendo en la escalera. (La mía fue captada por el sonido de un grillo.)

2. Nos envuelve una sensación de estar girando... como si el cerebro estuviera literalmente dando vuelta. Esto se llama, naturalmente muy adecuado, ‘dando vueltas en el asiento de la consciencia’ (paravritti). Una versión más débil de la misma sensación se siente al entrar en el samadhi.

3. Hay una consciencia de alejarse, de retroceder instantáneamente en el punto del horizonte que se desvanece o de ser extinguido como una vela que se apaga. Esto no es un desmayo como en perder la consciencia. No hay pérdida de consciencia. El sentido del Yo simplemente se va en un pestañar. Uno actualmente siente que se va.

4. Los sentidos continúan operando, ejemplo, el estimulo de la atención que se ha captado continua funcionando (el grillo continuó chillando) y la situación – los lugares y objetos alrededor – permanecen sin cambiar excepto que lucen extrañamente pacíficos y se ven con una claridad peculiar, firmes y frescos, definidos, como exquisitamente inmaculados. Hay algo en la distancia que se puede apreciar en la visión: es similar a mirar fijamente a la superficie plana de un diamante, y ver el momento preciso que uno correctamente enfoca el área completa de la habitación exactamente reflejada en la superficie minúscula.

5. Hay una alerta de retorno – al lugar donde uno se encontraba cuando se fue, cualquiera que hubiera sido.

6. Hay otra sensación de giro como si el cerebro estuviera otra vez girando en dirección opuesta.

7. Hay un surgimiento inmediato de euforia y una exclamación espontánea. (Yo grité el nombre del Sexto Patriarca, diciendo, “¡Hui Neng estaba correcto! ¡Hui Neng estaba correcto!” (Yo había prestado previamente muy poca atención a su nombre, y de hecho, lo pronuncié incorrectamente cuando lo estaba gritando.) La duración de esta euforia varía, desde varios días a varias semanas o más. Esta ‘subida’ comúnmente llamada “la enfermedad Zen”, “la Borrachera de Dios”, o el nombre dado por Platón, “la Locura Divina”, se caracteriza por una clase de éxtasis tonto que lo hace a uno querer bailar, saltar o cantar, prácticamente en un tiempo completamente inapropiado.

Un período de confusión también puede seguirle. (Estoy casi avergonzada de admitir que caminé por todas partes casi una semana, diciéndome a mi misma, ‘Sé que me fui... así que, ¿quién oyó el grillo?’ como en la parte 4 expuesta anteriormente.) Después de esta confusión inicial, uno puede alcanzar algunas conclusiones peculiares pero intrépidas que son incomprensibles para otros. Por ejemplo, mi primera evaluación racional de la experiencia fue, que siempre sería absolutamente erróneo decir que ‘Yo’ había experimentado el Satori. Dado que no estaba ahí en ese momento, no podía admitir el suceso solamente apuntando a mi cabeza y diciendo, el Satori se experimentó aquí. Esto suena bizarro pero, de verdad, nadie nunca podrá decir que ha experimentado el Satori. Por definición, ‘él’ tendría que haberse ido de la escena. (Las palabras que se usan en estos hechos son los absurdos que deliberadamente forman las preguntas y respuestas famosas de Chan.)

La experiencia del Satori completa dura no más de unos pocos segundos, los cuales, considerando la entrega de por vida de una persona al Chan, ciertamente no es mucho. Sin embargo es vital, porque nos da la confirmación. Solamente en el Satori estamos permitidos a presenciar nuestras identidades verdaderas. Debemos hacer notar, que la experiencia no está limitada a los budistas. El estado puro sin ego y la revelación de la identidad divina de uno es reconocida en todas las religiones.

Hui Neng es frecuentemente criticado por decirle a las personas lo importante y vital que es la experiencia de la iluminación mientras que descuida el proveerles las instrucciones necesarias para obtenerla. Debe ser recordado que Hui Neng, no fue un producto del entrenamiento monástico. Inteligente y sensitivo, él se desarrolló en la pobreza de las calles. Nadie tuvo que decirle como lograr la iluminación. Cuando su mente estaba suficientemente madura, “eso” pasó.

Más adelante, hay riesgos involucrados incluso en discutir la experiencia de la iluminación. Los amigos y los profesionales religiosos tienden a retroceder de cada uno que anuncie que él o ella ha sido Dios o Buda. A los amigos no les gustan ir a comer con Dios. Él no es divertido en los juegos de balompié y en la taberna es muy aburrido. Los ministros o eclesiásticos que no tienen experiencia en el satori por ellos mismos, usualmente reaccionan violentamente a tales noticias.

Inmediatamente ellos dudan de la autenticidad de la experiencia: Él que la clama está estúpidamente erróneo o deliberadamente está mintiendo. Simplemente no puede ser verdad. ¿Cómo, ellos se preguntan, este individuo ha sido admitido en el círculo privilegiado mientras ellos han sido tanto tiempo excluidos? ¿Podría un Dios justo ignorar estos años de ardua labor y conducta ejemplar y premiar a alguien que claramente lo merece menos? (¡Imposible!) En muchos textos antiguos, leemos líneas efusivas acerca de ejemplos de iluminación en masa. Éste y Aquél dicen algo especial y dos mil personas que lo oyeron instantáneamente se iluminaron. Ninguna credencial se le debe dar a tal declaración.

El Koan

La meditación y los métodos de pulimento son comunes a todas las religiones. Pero Chan encontró algo más que ofrecer, algo que podría empujar el desarrollo de la mente a la experiencia del satori. Según cualquiera puede decir, lo peculiar del Chan o la total contribución original a la metodología religiosa es el gongan (koan), un término que significa, en el legalismo antiguo, un ‘caso’ bajo consideración, uno, que quizás asiente el precedente. El Koan y el Man Tou son obviamente técnicas relacionadas.

Estrictamente hablando, limitando la definición del koan a ese uso que es único y original para el Chan, el koan es una pregunta que suena o luce lógica pero, de hecho, no tiene sentido. Porque suena lógica, hace que el intelecto se emplee, retándolo hasta el punto de obsesión para encontrar la solución a la pregunta en consideración. Por ejemplo, un famoso koan es, “Conocemos el sonido de dos manos aplaudiendo; pero, ¿cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?” En la antigüedad, unos cuantos maestros Chan descubrieron que si un candidato era suficientemente maduro, podía ser sacudido en la experiencia de la iluminación tratando de encontrar la respuesta a una pregunta de esta clase. Ahora bien, “aplaudir” significa pegar con dos cosas juntas. La pregunta, entonces, no tiene sentido. Una mano no pude aplaudir y por lo tanto no pude hacer el sonido del aplauso. Sin embargo la pregunta es tan seductora que los candidatos puede estar atraídos en extremo a responderla.

Imaginemos uno de esos exámenes, como pueden haber existido, entre el maestro y el estudiante en la China milenaria. (Recuerde que en los años formativos del Chan (500-900 AC) no había audiencias privadas. Todos los intercambios entre el maestro y el alumno usualmente ocurrían ante una asamblea de monjes.)

Doe Ming, heredero de la fortuna de Doe, había pasado algún tiempo en el Pantano, había sido salvado, aprendido como meditar, y está, según la estimación de su maestro, listo para el ataque final sobre la cumbre Nirvánica. El monje principal del monasterio comienza la tribulación. Él públicamente adula a Ming dándole un koan para resolver. (Los principiantes no reciben koans.) El Maestro, le dice secretamente al monje principal, que aunque no está completamente seguro de la habilidad de Ming, el está muy contento con él. Por lo tanto él ha aceptado la recomendación. Pronto honrará a Ming asignándole un koan.

Ming no es una criatura egoísta, pero él todavía no está suficientemente iluminado para no sentirse un poco importante por la noticia. Él está relativamente orgulloso de sí mismo. Él ha amado a su maestro por mucho tiempo y es bueno tener ese amor reciprocado. Él nota como todos están mirándolo con celos y le gusta la atención que de repente está recibiendo. Los honorables asociados toman nota del tiempo que él requerirá. Él personalmente piensa que no debe tomar más de una semana. Incluso hay apuestas sobre las dos alternativas.

El próximo día, enfrente de la calmada asamblea, a medida que él se arrodilla ante su maestro durante el darshan, él recibe uno de los muchos posibles koans.

Digamos, “Sabemos el sonido de las dos manos aplaudiendo, pero, ¿cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?”

¡Uno muy difícil! Un murmullo de reconocimiento pasa a través de la asamblea.

Más tarde, después que Ming recibe las felicitaciones prematuras de sus previos compañeros, él comienza a pensar acerca de su respuesta. Dos manos. Mmmm. Una mano. Mmmm.

Él piensa que entiende. El próximo día, con su respuesta cuidadosamente memorizada, se acerca a su maestro. El monje principal está sentado cerca, sonriendo en una forma de apruebo y seguridad.

Ming da su respuesta. “Una mano aplaudiendo es a dos manos aplaudiendo lo que la silaba es al sonido. Es el potencial formativo. Es el sonido antes que el sonido sea hecho.” Él Piensa que este sin sentido es una gran respuesta. El Maestro y el monje principal se miran con horror. El Maestro está enojado. El monje principal está visiblemente confuso y arrepentido.

“¿Es esto un chiste?” El Maestro le pregunta al monje principal alarmado incrédulamente.

El monje principal se excusa apesadumbradamente. “Le suplico, Maestro, que considere las circunstancias. Él está obviamente excitado. Ha habido mucha conmoción en el monasterio. Mañana, cuando él tenga una oportunidad de centrarse en sus pensamientos, él responderá más inteligentemente.”

La asamblea se rió nerviosamente. El monje principal le dio a Ming una mirada sarcástica y Ming se fue confuso. Por las próximas veinticuatro horas, Ming se encontró en el infierno. Todos estaban riéndose de él, y por todos los dioses, él no podía encontrar una mejor respuesta.

¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?... ¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?... La noche llegó, pero él no podía dormir. Los amigos lo querían ayudar pero no sabían cómo. Sus sugerencias eran absurdas y ridículas. Él estaba haciendo el ridículo y lo sabía. ¿Qué diablos es el sonido de una mano aplaudiendo? En el próximo darshan, él se arrodilló y susurró, “El sonido de una mano aplaudiendo es el llamado del prajna (la sabiduría) antes de que el golpe de upaya(método) lo penetre.”

“¿Qué?”, gritó el Maestro. “¡No puedo oírte!” Él viró la cabeza hacia el monje principal y le dio una mirada desafiante. Ming limpió su garganta y dijo, “El sonido de una mano aplaudiendo es el llamado del prajna (la sabiduría) antes de que el golpe penetrante de upaya... lo... alcance.”

El Maestro le pegó con su palo. “¡Idiota!”, gritó. “¡Fuera de aquí!” A medida que Ming se escurría de la habitación, el Maestro le gritó al monje principal, “¡Dijiste que estaba listo! ¿Has perdido tus sentidos?” Mientras Ming, ahora con un ataque nervioso está cruzando el jardín, el monje principal se dirige a él agresivamente, acosándolo. “¿Qué estás tratando de hacerme? Te he referido y garantizado, ¡maldita sea, qué adversidad! Me he metido hasta el pescuezo por ti y me pagas actuando como un idiota. ¡Contrólate! ¡Piensa, hombre, piensa!” Ming, cambiando de la furia a la desesperación, no se siente obligado.

Los que están tomando nota están furiosos. Ming es un ojo-rojizo. Él camina murmurando para él mismo incoherentemente. Todos lo miran. ¿Cuánto tiempo tomará esto? ¡Ah! ¿Cuánto tiempo le tomará morir de vergüenza? Él desea poder llevárselos a todos al infierno con él. Está condenado.

Durante la próxima conferencia Ming supuso que el sonido de una mano aplaudiendo es la configuración yang, sin la sombra de yin. Está presente en forma, y ausente en sustancia. Él Maestro le pega. El monje principal balbucea y se justifica, pero el Maestro está muy furioso para escucharlo. Ming es él más miserable de todos los seres humanos en la provincia... quizás en China... quizás en Asia.

El monje principal ordena a todos que no le hablen a Ming para permitirle que piense o por lo menos que se aparezca con una mejor respuesta de aquellas que ha dado. Ming es reducido a la penuria espiritual. Está solo, excluido. A todas partes que llega es difamado y avergonzado. Nunca se ríe. ¿No hay un intervalo de descanso?

Él despierta del sueño intermitente. ¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo? Él agoniza en el cojín de la meditación. ¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo? Seleccionando su comida.

¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo? Los días y las semanas pasan. Él es golpeado, abominado, ridiculizado y humillado. “¿Cómo he podido pensar que podía solucionar un koan?”, él comienza a preguntarse. Entonces concluye, “soy más estúpido que un estiércol de vaca.” Él Llora humillado. “¡Oh, Señor,” él reza, “perdóname mi orgullo. He sido un impostor. No soy nada más que un tonto.” Culpándose a él mismo, comienza a exonerar a los otros. “El monje principal trató de ayudarme y yo lo decepcioné. He traído la humillación a él y a mi buen Maestro. ¿Cómo me podrán perdonar alguna vez?” Etc. Etc. Etc.

Eventualmente realiza que ha sido derrotado. ¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo? No sé ni me interesa. “Señor,” él reza, “déjame esconderme en un lugar ignorado, calmado y silente. Déjame servirte en paz. Sácame de esta pesadilla y seré tu humilde sirviente para siempre.” Él se detiene y no va al darshan. ¿Cuál es el caso? Él se refugia en sus tareas aburridas y tediosas. Ellas lo contentan. Aunque ha cesado de sentirse avergonzado, todavía está triste acerca de él. Ha perdido su entusiasmo y se ha establecido en una base de calma. Nadie más le presta atención. Él está agradecido por este anonimato.

Entonces, milagrosamente, un día cuando estaba barriendo el piso de la cocina, el cocinero dejó caer la tapa redonda de una cazuela y a medida que rotaba – rraaa, rraaa, rraaa, - el sonido del eco capturó la atención de Ming. Alguien sentado en la parte de atrás de la cabeza de Ming, sopló su vela-ego y la apagó. Esa persona entonces está mirando hacia fuera a través de las cavidades de sus ojos. ¡Ming experimenta el mundo como una creación sublimemente serena y exquisita! El cocinero todavía está allí trabajando. Su cuchillo todavía brilla en la luz del sol. El fuego todavía da su calor. Una brisa todavía entra por la ventana. Pero Doe Ming se ha ido y nada que se pueda ver está distorsionado por el ego de Doe Ming. ¡El mundo es puro! La llama de su vela se reconcilia y regresa, deslumbra. “¡Eureka!”, él gritó. ¿Qué ha pasado? ¿Es posible que por un par de minutos gloriosos él haya visto el mundo como Dios lo ve... que durante su propia aniquilación o extinción, él, de hecho, ha visto a Dios? ¿Fue esto el Nirvana? ¡Por supuesto! ¡Esto es el Satori! ¡La realidad ultima! ¡La no-dualidad! ¡La unidad del que ve y lo visto! ¡El vacío! El salta y brinca deslumbrado. ¡Él estaba vacío de él mismo! ¡La renunciación de la forma – kenosis! Cuando él es capaz de componerse a sí mismo, entiende que en el mundo real, él, Doe Ming, no tiene más sustancia que un fantasma. ¡Bien! Si él no existe, tampoco el Maestro Chan. ¡Ja...! ¡Él está eufórico y triunfante! ¡Ja...! ¡Los otros monjes ‘creen’ que hay un Buda dentro ellos mismos, pero no lo saben! ¡Y por cierto, que ellos nunca han ‘sido’ eso!

Poniendo su escoba a un lado, el hombre que ha sido Dios entra caminando en la asamblea, patea hacia un lado a un monje que está arrodillado en el darshan empujándolo enfrente al Maestro y, recordando quizás como su ‘yo’ ficticio sufrió en las manos de su maestro ficticio, dice desafiante, “¡Come mierda y muere, viejo falsificado!” Entonces explota en carcajadas. El Maestro y el monje principal se le unen felizmente. Ellos disfrutan el chiste pero nadie más lo entiende.

Una y otra vez, desde el principio de la historia de Chan, este escenario, más o menos y en variedades infinitas se repite a sí mismo.

¿Qué pasos preparan a una persona para esta experiencia?

1. Entender la primera verdad: La vida es agria y dolorosa. 2. Una mente madura, ejemplo, uno que ha llegado a ser desapegado. 3. La cantidad requerida de ego para aceptar el reto. 4. La humillación y el periodo prolongado de estrés causado por la frustración intelectual (cualquier tema – no solamente un koan – lo hará). 5. La liberación del estrés por la ayuda del éxito, o por la renunciación, o por una patada conquistadora / subyugadora, o por una explosión o grito terrible.

Infortunadamente, la edad dorada de Chan ha pasado rápidamente una vez que los religiosos ilegítimos o no genuinos, comenzaron a imitar los actos y las respuestas de sus colegas iluminados. (Incluso hoy en día, algunos monjes tratan de pasarse ellos mismos como iluminados. Hace unos cuantos años leí acerca de un pobre individuo en el monasterio Rinzai en California, que fingió un acto muy insólito de iluminación: él llegó al darsham con un tomate escondido bajo su hábito y entonces, para responder a su koan, se lo tiró a su maestro. No me acuerdo lo que su maestro le hizo, pero si recuerdo que no estaba muy contento.)

Para prevenir esta imitación de iluminación, el darshan llegó a ser privado pero al costo del estrés necesario de humillación. Casi inmediatamente los libros con las listas de algunos koans y sus respuestas, completas y con comentarios editoriales, estaban en circulación. ¡Los monjes comenzaron, de hecho, a estudiar los koans! Esto significa que los koans ya no eran más koans. Entre las buenas respuestas y los buenos actores, llegó a ser necesario tener muchos ‘satoris’... un koan después de otro. ¡Incluso se percibió que el satori llegaba en grados o niveles diferentes de calidad! Había menores y mayores satoris. Esto significa que un monje podría luchar y trabajar por experimentar algo menos que no-ego. ¿Un ego negativo? ¡Pero esto es ridículo y absurdo! Claramente, el sistema era una confusión. Nadie necesita más que un koan, porque nadie necesita más que un satori.

Algunos koans y man tous nunca pueden ser resueltos. Por ejemplo, “¿Tiene un perro la Naturaleza Búdica?” Un hombre puede romperse la cabeza considerablemente tratando de responder esto pero él no puede estar dentro la cabeza de un perro. ¿Está la Naturaleza Búdica presente solamente en las mentes que la pueden concebir? (Ésta es una variación de la pregunta antiquísima, “¿Por qué Dios creó los hombres conscientes?” y su respuesta, “Para ser adorado por ellos.” C. G. Jung está de acuerdo con esta respuesta.) ¿Qué grado de consciencia es necesario para adorar a Dios? ¿Está la Naturaleza Búdica presente en los animales que no tienen ego para trascenderlo y por lo tanto son capaces de experimentar la realidad directamente y en todo momento? Un perro con su cerebro limitado puede que no tenga el sentido del yo... no tiene ego y por lo tanto no necesita la religión o la salvación... pero, ¿es esto lo mismo que la Budeidad? Y, ¿qué acerca de los delfines y las ballenas? Ellos tienen una corteza cerebral grande y bien desarrollada. Ellos son quizás tan inteligentes como nosotros. Quizás más. ¿Se ven ellos como individuos luchando por encontrar la felicidad y el significado en la vida? ¿Se dan cuenta tales criaturas del cielo y su belleza brillante y maravillosa? ¿Ellos rezan? ¿Le dan gracias a Dios por las bahías y los océanos llenos con lo que necesitan para subsistir? ¿Hay un Jesucristo de los delfines? ¿Hay un Buda de las ballenas?

¿Si nosotros no sabemos si un perro viviente tiene la Naturaleza Búdica, podemos decir con certeza que una estatua de piedra de un perro no tiene la Naturaleza Búdica? (Si, nosotros podemos.) La pregunta entonces, como originalmente está propuesta es razonable pero insoluble. No es por lo tanto, un koan propio, sino que examinándola y reflexionando acerca de ella, puede llevar a la persona a un camino muy largo de humillación, humildad y compasión.

Decir simplemente que una respuesta propia es una negación “Mu” sin sentido, nos aleja o excluye grandemente de la deliberación, la reflexión y la consideración.

Otras clases de preguntas y respuestas llegan a estar de moda. En estos intercambios el ego y sus insípidas preguntas demostraron ser fraudes vergonzosos que no merecían la dignidad de una respuesta. Como por ejemplo, “¿Qué es Buda?” La respuesta ordinaria es: “Una libra de semillas de linum”, (de donde se hace la tela de lino). O, “¿Hay alguna enseñanza que va más allá de aquellas del Buda y de los Patriarcas?” Si, aquellas que tienen que ver con los panecillos de ajonjolí.”

Un intercambio extraordinario que merece ser repetido:

Un novato se acerca a su maestro y le suplica que le instruya.

“Antes de que te pueda enseñar cualquier cosa debes decir una palabra de verdad,” dice el maestro.

El novato pensó por un momento. “¡Buda!”, respondió él. Disgustado, el maestro lo despide. “¡Regresa cuando puedas hablar una palabra de verdad!”

El novato pensó y pensó y decidió una mejor respuesta. El próximo día regresó donde el maestro, se arrodilló a sus pies, y susurró, “Compasión.” Pero otra vez el maestro lo despidió.

El novato luchó para encontrar una respuesta más notable, una que sería seguramente incontrovertible en su verdad. Pensando él encontró la respuesta en la palabra “Amor”, y regresó a su maestro.

A medida que comenzó a arrodillarse, el maestro de repente lo pateo.

¡Ay! Gritó el novato.

“Siéntate,” dijo el maestro. “Finalmente has pronunciado una palabra de verdad.”

(Una respuesta espontánea, por definición, no está corrompida por el ego.)

Durante el período lúgubre y sombrío que siguió a la Edad Dorada, el Maestro Chan Da Hui inteligentemente promovió un método conocido en todas partes como mantra yoga. Por ende, un candidato para satori le era dado un ‘koan’ exactamente como también le era dado un mantra. Se esperaba que lo recitara constantemente, para fijar su atención en él mientras comía, caminaba, o trabajaba, hasta que su mente automáticamente lo identificara, indefinidamente circulando como un rosario. Eventualmente el umbral del significado sería cruzado. Cuando el significado desaparece, la mente madura desaparecería con él.

Da Hui discrepó de la práctica de muchos maestros Chan que recurrían por mucho tiempo a la meditación con la mente en blanco como substitución para el sistema de intercambio de los koans en bancarrota. Él pensó que lo que él promovía guiaba a la quietud, la pasividad, y a otros acercamientos mundanos de la vida que funcionaban un poco mejor que un retiro de la sociedad. Un hombre Chan deberá ser capaz de resistir la presión de la sociedad. ‘Ir al supermercado con la camisa abierta,’ (ser una persona informal y despreocupada de sí misma) era y todavía es la única actitud aceptable.

Las objeciones de Da Hui de los largos períodos de tiempo sentados pueden haber sido incitadas por consideraciones de salud. Las hemorroides son una causa dolorosa de sufrimiento en la vida causada por sentarse en el cojín duro de los monasterios.

Soto Zen

En cualquier escuela, el satori es experimentado solamente por una mente madura y una mente madura es una mente que por lo menos entiende la Primera Noble Verdad del Budismo: La vida es agria y dolorosa. No tiene importancia cómo o dónde esta verdad es aprendida. En los monasterios, encontramos, que frecuentemente ellos mismos se ven como dispensarios de esta gran verdad. Haciendo caso omiso de que profundo es el entendimiento de un hombre del sufrimiento, la vida del monasterio en el estilo japonés por ejemplo, adquirirá su línea definitiva y examinará e investigará, a través de ella, nuevas profundidades de significado. Cuando Dogen Zenji (1200-1253) introdujo el Zen en Japón, diríamos que el Zen fue reclutado en el servicio militar Samurai y nunca se licenció. El Zen es todavía practicado por un gran grupo de militares ‘estrictamente por el libro’. El Zen fue, desde su principio, una criatura completamente formada. (Hay mucha historia entre el tiempo que Juana de Arco fue quemada en la hoguera y el tiempo que Neil Armstrong puso el pie en la luna... algunos 540 años. Hay todavía mucho más historia entre en tiempo que el Zen fue fundado en la China y el tiempo que el Dogen fue introducido en el Japón, algunos 700 años. Esto es, diríamos, setecientos años del ‘genio chino’ trabajando.)

Dogen había sido un monje Lin Ji (Rinzai) que repudió esta tradición porque él creía que no probaba suficientemente en su profundidad, los misterios del misticismo del Budismo. (Por el año 1200, el estudio del koan había llegado a ser una pérdida de tiempo absurda.) Adicionales estudios en la China y una completa conversión al Soto Zen lo capacitó para regresar al Japón y escribir lo que todavía permanece como la Biblia de la Vida Monasterial de Soto.

Mirando a una de las partes, el Taitaikoho: Cómo los Clérigos Novatos Deben Comportarse en la Presencia de los Clérigos Superiores, encontramos esa lista Dogen de las sesenta y dos reglas de conducta.

En la siguiente, un clérigo novato es definido como cualquier monje que ha estudiado menos de cinco años. Uno superior es cualquier monje que ha estudiado cinco años más que el monje en su presencia.

Aquí tenemos un ejemplo de las reglas:

#1. Usted debe usar su túnica y llevar consigo su estera en cada momento que un superior está presente.

#3. Usted debe mantener unidas sus manos respetuosamente cada vez que vea a un superior; no debe permitirse que sus manos cuelguen.

#9. Cuando está con un superior, no debe rascarse o buscarse las pulgas.

#10. Usted no puede escupir o sonarse la nariz cuando esté en la presencia de un superior.

#4. Usted no puede tocar a un superior cuando esté cerca de él.

#38. Ningún novato puede ir a la cama antes que los superiores en la casa se han retirado.

#39. Ningún novato puede comer antes que el superior coma.

#56. Si da la casualidad que un superior ocupa un asiento menos importante que usted en alguna función o comida, no debe reverenciarlo, ya que llamaría la atención del lugar que está ocupando.

Las reglas se extienden hasta la hora de dormir. (La misma habitación usada para la meditación también se usaba para dormitorio.) Del Bendoho: Cómo se entrena en el Budismo, encontramos:

“...las cinco reglas cuando se está durmiendo:

(1) La cabeza siempre estar dirigida hacia la dirección de la estatua de Buda.

(2) Nadie puede observar al Buda desde la posición acostada.

(3) Las piernas no pueden estar extendidas.

(4) Los aprendices no pueden mirar hacia la pared o descansar sobre sus caras.

(5) Las rodillas no pueden ser levantadas.”

Las reglas que gobiernan el comer desafían la descripción. Hay, por ejemplo, un gesto obligatorio – el levantar y bajar la mano izquierda, con la palma hacia arriba – que él que recibe la comida o la bebida debe hacer para señalar la suficiencia al monje que lo sirve. Marie Byles reporta que ella una vez presenció que la taza de té de un nuevo aprendiz, que no sabía ese gesto, se llenó hasta derramarse. El monje que la servía continuó echándole el té sin detenerse. Durante la primera comida de mi primer sesshin (muchos días consecutivos de 16 horas de meditación designadas a imponer el máximo estrés), estaba sentada en la segunda línea. Entre cada dos monjes era colocada una pequeña bandeja que contenía un pote de miel y una cuchara para usar como comida inicial, un desayuno de cereal espeso y caliente.

Yo no había notado que el primer monje usó el gesto de la palma de la mano hacia arriba que significaba que ya tenía suficiente, a medida que el monje le estaba sirviendo. Pero a medida que el monje sirviente comenzó a servirme, él, accidentalmente golpeó el pote de miel, virándolo sobre una esquina de mi manto o túnica y de la alfombra. El primer monje y yo inmediatamente tratamos de limpiar todo lo que se había derramado. El monje sirviente vio lo que había pasado y que mi atención se había desviado, pero sin embargo, continuó echando grandes cucharadas de cereal en mi escudilla. Susurré, ‘gracias, eso es suficiente.’ Pero esa no era la forma correcta para indicar que había suficiente, así que la gacha de avena continuó llenándose. Ya para cuando el primer monje realizó lo que estaba pasando y alcanzó a través de mí, mi mano izquierda colocándola palma hacia arriba, ya había una montaña de engrudo en mi escudilla que ya no se podía medir ni con un altímetro. Dado que la meditación no podía continuar hasta que todos hubieran comido y dado que es obligatorio que todo en la escudilla de cada uno debe ser consumido, me senté allí cavando hasta el final la montaña de avena del Everest por casi media hora del tiempo de la próxima sección de meditación. Cuarenta pares de ojos me miraban furtivamente comer la cosa... sin el beneficio de la miel, dado que el pote derramado había sido removido.

Incluso el acto de lavarse los dientes tiene una serie de reglas y regulaciones que lo gobiernan, al igual que la forma en la que uno lleva la toalla cuando va a bañarse.

Para agregar algo más de miseria, los monjes superiores frecuentemente se conducen como sargentos de caballería y los monjes novatos se critican unos a otros. Los monjes novatos son rutinariamente empujados de un lado a otro, insultados y empujados a trabajar durante casi todo el tiempo que ellos no están meditando en el salón.

Dormir es un lujo y la nutrición no parece ser una consideración en la planeación del menú. En respuesta a los ataques de la dieta inadecuada, al cansancio y la fatiga, a la falta de sueño y al criticismo insistente, el ego probablemente alzará su bandera blanca. Y entonces llegaremos al mismo lugar, al ‘refugio de la cocina’ en donde Doe Ming se encontró después de las acusaciones y criticas que recibió por tratar en vano de resolver su koan.

Aunque los monasterios de Zen en América tienden a ser más tranquilos, sus rutinas son todavía calculadas para ser traumáticas y demandantes. No hay caso en ser de otra forma. (¿Se necesita decir que es absolutamente esencial que las personas que formulan esas demandas y traumas son ellos mismos iluminados?) En alguna parte debe haber una fórmula: un mes en el monasterio Zen es igual a un año con un grupo de convictos encadenados laborando bajo el sol caliente, o seis años en el infierno. Los monjes que sobreviven cinco años de este tratamiento están íntimamente familiarizados con la Primera Verdad. Que el Soto Zen Japonés es capaz de hacer muchos grandes maestros es la prueba que el sistema, que parece terrible y extremadamente malo, trabaja.

Hui Neng, sin embargo, no lo hubiera aprobado. La vida en su monasterio del Sur de China es todavía caracterizada por la gentileza y el buen humor. Podemos ilustrar mejor la diferencia entre los estilos, el japonés y el chino, haciendo notar sus respectivos métodos de mantener a las personas despiertas durante la meditación. Los Zendos Japoneses están patrullados por un individuo con un palo que golpea a la persona que se duerme; los salones de Meditación China son patrullados por un individuo con una tetera conteniendo té de jazmín.

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Última modificación: December 03, 2004
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